—Roque, está demasiado oscuro y no veo nada —dijo Santi— ¿Qué voy a hacer?
Santi se deslizó a gatas por el suelo y miró por el agujero. Estaba muy oscuro y apenas distinguía a Roque.
—Me he hecho daño en la pierna, Santi.
Roque rompió a llorar otra vez.
—Ten cuidado, Santi. El suelo ha cedido y me he caído por este agujero negro.
—Se han ido corriendo -dijo Santi— Pero yo estoy aquí y voy a ayudarte.
— ¡Ooooh, Santi! Apresúrate. ¿Dónde están Javier y los demás?
Santi estaba hecho un lío. ¿Qué podía hacer?
— ¡Oooh! —gimió Roque— Estoy herido. Rápido, Santi, ayúdame.
— ¿Qué ha pasado, Roque?
¿Por qué lloraba Roque, un chico tan grande y tan fuerte?
— ¡Santi, sácame de aquí!
— ¿Roque? ¿Te has caído por este agujero?
Era Roque, y estaba en apuros. Santi intentó decirle algo, pero estaba tan asustado que de su garganta sólo salió un débil chillido. El gemido procedía de debajo del suelo. Entonces Santi vio un agujero en el suelo del pasillo.
— ¡Socorro! ¡Mamá, papá, socorro!