La niebla lo tapa, sí, pero... ¿a dónde pertenece este paisaje? Yo diría que a Cuenca capital pero.... ¡No estoy segura!
Mira que ponerse a " atorear" con un trapo amarillo con la mala suerte que da... ¡Luego, cuando la vaquilla les da un buen revolcón, se quejan!
Hermoso, que te va a pillar la vaca....
Este año, durante la Fiesta del pueblo, el botillo hubiese dado el doble de avío ya que los días han estado pasados por agua y con algo de frío. En fin, que no hubiese ido mal para calentar los ánimos, las ánimas y los cuerpos. (Las cuerpas no lo digo porque no soy política) jejejeje
Jolines, pues ya han pasado años, ya. ¡56 nada menos! Y Eufra7, emulando al Cid Campeador y a la Vieja del Visillo al mismo tiempo. ¡Hay que ver cómo es este muchacho!
Aclaremos, cuenka, que este barrio del Castillo pertenece a Cuenca capital, más que nada para no confundir al personal. Besos, guapa
Buenas tardes alconcheleros y foreros. Después de seis años que fue enviada esta foto por Eufra7, creo que es la primera vez que la ven mis ojos, o eso creo. Creo que es una foto bonita, donde se nos muestra parte de la hermosura de los campos alconcheleros que este año están preciosos.
En cuanto a mí, todavía no he salido de mi asombro al verme de nuevo aquí en Bagdad, sano y salvo. ¡Y todavía más rico que antes!
¡Era mi barco! El capitán seguía buscando a los supervivientes del episodio de la ballena. El hombre se quedó estupefacto al verme asomar la cabeza por el barril de cerveza, ¡y más estupefacto todavía al verme cubierto de oro!
La corriente volvió a impulsarme mar adentro, donde permanecí flotando a la deriva por espacio de tres noches y tres días. Me hallába dormido cuando, de improviso, el barril chocó con el costado de un barco y escuché una voz que sonaba sobre mí.
Todas las serpientes, una por una, intentaron devorarme, pero ninguna consiguió tragarse el barril. Al fin, se alejaron reptando por entre bancos de arena hacia la orilla de la Tierra de las Serpientes Marinas.
El barril empezó a girar mientras las serpientes nadaban alrededor del mismo. Una de ellas cerró sus fauces en tomo al barril, mas éste era demasiado grande y no consiguió engullirlo. Acabó por escupirlo y se alejó, silbando enfurecida.
Desesperado, vacié el barril lleno de fruta y me metí dentro. Allí permanecí encogido como la yema en un huevo de madera.
Al llegar a la orilla, me precipité aterrado sobre mi balsa y me dirigí mar adentro remando furiosamente. ¡Pero las serpientes marinas emprendieron mi persecución a través del agua! Sus escamosos e irisados cuerpos llegaron a circundarme. Luego, abrieron sus bocas y comenzaron a devorar la balsa como si se tratara de simples ramitas. De sus temibles fauces brotaba veneno.
Seis, siete, hasta ocho serpientes inmensas se deslizaron por la playa, luciendo al sol sus afiladas lenguas.
Entonces oí un penetrante silbido. Levanté la mirada y vi que los árboles de un extremo de la playa comenzaban a moverse. De repente, una enorme cabeza, listada y reluciente, se alzó por encima de los árboles más altos y unos brillantes ojos se clavaron en mí sin parpadear.