-si todos los coches corren así –dijo la anciana -, no vamos a poder cruzar las calles.
Lo primero que sintieron al llegar a la gran ciudad fue mucho ruido y las prisas de la gente.
A su paso, las flores del camino agitaban sus pétalos para decirles adiós y disgustados por no poder ir con ellos a la ciudad.
Un día en la ciudad

Un buen día la anciana Paca decidió que todos los habitantes de su granja conocieran la ciudad. Los acicalo y los dejó muy guapos y limpios, con su cesta al brazo, la anciana y sus amigos comenzaron a caminar.
El príncipe, que merodeaba por el lugar, reconoció la voz de su amada…Desde entonces nunca más volvió a separarse de ella.

Fin
Estuvo caminando por el bosque durante horas, agotada se posó en una roca, cantó una de sus canciones tristes.
Mientras, la niña de la trenza dorada consiguió por fin huir de aquella torre.
De la fuerte caída, el príncipe quedó ciego y, avergonzado, decidió huir.
Sin embargo, la anciana que en realidad era una bruja sospechó que algo cambió a la niña, pues las canciones ya no eran tristes.

Un día la malvada bruja se presentó de improviso en lo alto de la torre y cuando trepaba el príncipe, la bruja lo empujó al vacío.
No llores más. Ahora que me sé el camino, vendré para hablar contigo y para escucharte cantar.
Esperó a que la anciana saliera y trepó por la larga trenza dorada; allí arriba se encontró con una joven que lloraba amargamente.
Otra tarde observó cómo desde la ventana bajaba una larga trenza y por ella trepaba una anciana.
Al joven príncipe le picó la curiosidad y fue a mirar, pero la torre era demasiado alta
Habían pasado varios años, cuando una tarde el príncipe del país rondaba por aquel bosque y, a lo lejos, escucho una hermosa y triste canción.
La niña fue creciendo y, con ella, su extensa trenza dorada.