Trenza del oro

La hija de un humilde campesino fue capturada por una malvada bruja, que encerró en una torre muy alta sin ninguna salida al exterior.
Así pues, Pepe se pasó todos los fines de semana y las vacaciones trabajando en los establos de Cañameras. Muchos chicos montaban Tamboril, pero sólo llevaba la brida gitana cuando lo montaba Pepe.
Maite- Ven a verle cuando quieras.
-Se llama Tamboril -explicó
-Lo llevaba a la comisaría cuando nos caímos en la cantera -les contó Pepe.
La policía, y Andrés y Maite Vegas, tras buscar al caballo afanosamente, lo encontraron sano y salvo allí.
Una vez en casa del labrador, Pepe tomó una taza de leche con galletas y Tamboril una deliciosa masa de salvado.
El asombrado caballo no podía comprender qué sucedía. Intentó no perder de vista a su amiguito. ¿Iban a llevárselo a él, abandonando allí a Pepe? Subió y subió, hasta que lo dejaron a buena distancia de la cantera. Pepe no esperó al helicóptero, sino que se apresuró a escalar la cantera para asegurarse de que Tamboril estaba a salvo.
A la media hora vieron un helicóptero sobre sus cabezas. Primero bajaron a un tripulante con unas cuerdas especiales; Pepe le ayudó a sujetar a Tamboril con ellas.
-Te sacaremos de ahí, ten confianza -gritó el hombre.
Busca a tu amo. ¡Busca, busca! -le suplicó Pepe. En seguida comprendió la tragedia y con ladridos lastimeros llamó al labrador, que se acercó presuroso.
El perro se acercó corriendo.
Comenzaba a hacerse de noche cuando oyó ladrar a un perro y vio en la lejanía a un labrador que, seguramente, era su dueño.
Se equivocaba. Nadie los ayudó. Estuvo allí sentado durante muchas horas, sosteniendo la cabeza del caballito. Pepe gritó y gritó, hasta perder la voz, pero nadie oyó sus llamadas de auxilio.
-Calma, calma, pequeño -susurro-Quédate quieto. Todo va bien. Pronto vendrán a ayudarnos.