Cuando volvió por la noche a casa con su cabrita, se encontró con un cuenco de barro en el que estaban las sobras que le habían dejado sus hermanas; pero ni siquiera lo tocó. Al día siguiente volvió a salir como de costumbre y no comió tampoco las sobras de las comidas. Esta vez, sus hermanas notaron que Dos Ojitos no tocaba los alimentos y se dijeron: “Aquí pasa algo. Seguramente Dos Ojitos come en otra parte y será necesario vigilarla”.
Dicho esto, el hada se desvaneció. Sin pérdida de tiempo, Dos Ojitos, que ya no podía resistir más el hambre, pronunció las palabras mágicas, y al instante apareció ante ella una mesita servida. Dos Ojitos se puso a comer hasta quedar satisfecha. Luego dijo las palabras complementarias y la mesita desapareció.
“Cabrita, bala; mesita levántate”, y la mesita desaparecerá.
– Vamos, Dos Ojitos – dijo el hada-. Enjúgate las lágrimas y te diré lo que tienes que hacer. Basta con que le digas a la cabrita que cuidas:”Cabrita, bala; mesita ponte” para que aparezca ante ti una mesa bien servida.
Luego, cuando hayas satisfecho tu hambre, dirás:
-respondió-. Por tener dos ojos, mis hermanas y mi madre me tratan mal, me dan vestidos viejos y sobras de sus comidas.
- ¿Cómo no voy a llorar?
Cierto día se le presentó un hada a Dos Ojitos y le preguntó:
Un Ojito, Dos Ojitos, Tres Ojitos

Un Ojito, Dos Ojitos, Tres OjitosHabía una vez una viuda, que vivía con sus tres hijas, la mayor de ellas se llamaba Un Ojito, y la razón de su nombre era porque solo tenía un ojo enmedio de la frente; la segunda de sus hijas, Dos Ojitos, porque tenía dos ujos, como todo el mundo; y la menor, Tres Ojitos, porque tenía tres, dos en el sitio normal y un tercero ojito enmedio de la frente. La madre y las dos hermanas, trataban mal a Dos Ojitos, ya que era diferente a sus dos hermanas, no podían soportarla, y ninguneaban, la obligaban a ponerse vestidos andrajosos y le daban de comer las sobras de la mesa. ... (ver texto completo)
-Aquí en la granja sí que estamos bien. ¿Verdad amigos míos? –concluyó la anciana-. Aquí en la granja respiramos paz y tranquilidad, la gente nos quiere vosotros podéis subiros a los árboles y revolcaros sobre el césped sin que nadie nos multe. Además, aquí nos rodea la naturaleza y ella nos da todo lo necesario para vivir felices.

fin
Después del susto, la anciana y sus amigos decidieron regresar a la granja
Pero de repente, apareció un guardia y multó a la anciana por pisar el césped.
La anciana se quitó los zapatos; las ardillitas subían por los pinos; los pollitos bebían en la fuente; el perro Bingo daba volteretas sobre el césped…
¡Que felicidad tenían todos jugando en el parque!
Con los nervios y el trajín, la anciana decidió tomarse un descanso en un parque floreado.
Y es que la anciana no entendía cómo funcionaban los semáforos de la ciudad…