Uno de ellos cayó muerto ante la ventana de la Raní, quien se asomó a ver lo que ocurría, y con profundo asombro e indignación, vio todavía vivo al odiado príncipe.
Viendo que sus madres estaban ya en situación desahogada, el príncipe decidió regresar junto a su amada princesa, pero al pasar junto al palacio del Rajá, no pudo resistir la tentación de tirar unas flechas contra los pichones.
Como era tanta la leche que daba el animal, las siete reinas empezaron a hacer quesos y requesón, que vendieron más barato que nadie, consiguiendo en poco tiempo una bonita fortuna.
Pero no contaba la maga con la princesa, quien al preguntar a su futuro marido el motivo de su tardanza, se enteró de lo que le había dicho la Raní, y del contenido de su carta.
Como había hecho la vez anterior, la princesa cambió la carta, y así, cuando el joven llegó a casa de la bruja, ésta se vio obligada a entregarle la hermosa vaca que da leche siempre. El príncipe, pensando sólo en sus madres, se apresuró a llevarles la vaca, que con su leche, les aseguró el alimento para muchos días.
.
El príncipe aceptó encantado el cambio y la Raní le dio otro mensaje para su madre, diciendo que le entregaría la vaca, pero en realidad, la carta decía lo siguiente:
"Mata al dador y convierte su sangre en rocío matutino."
Lanzando un grito de rabia llamó a un esclavo y le ordenó que hiciera subir al joven, y cuando le tuvo en su presencia le preguntó cómo había vuelto tan pronto. El joven le explicó lo ocurrido, y la rabia de la hechicera no conoció límite. No obstante, fingió estar satisfechísima con el éxito, y le dijo que si le regalaba aquel otro pichón, le daría la hermosa vaca de Jogi, cuya leche mana sin cesar durante el día.
-Mamaíta, de ahora en adelante yo seré tu otro ojo.
Después de esto, partió a casarse con la princesa, como había prometido, mas al pasar ante el blanco palacio de la Raní, vio unos pichones en el tejado y sin pensarlo un momento disparó una flecha que hirió al más hermoso de todos.
La Raní, oyó silbar la flecha y se asomó al balcón, viendo con profunda sorpresa que el príncipe seguía vivo.
Cuando llegó a la cárcel donde le aguardaban las siete reinas, entregó un par de ojos a cada una de las más viejas, y a la joven, su madre, sólo le dio uno, diciéndole:
Sólo tengo trece ojos, pues la semana pasada perdí uno.
El príncipe no se preocupó por este detalle, pues estaba demasiado contento al pensar que podría devolver la vista a sus siete madres.
El príncipe reanudó su viaje y al poco tiempo llegó a la cabaña de la vieja bruja, quien hizo una mueca de disgusto al leer la carta, y más, cuando el muchacho le pidió el collar de ojos.
Sin embargo se lo entregó, diciéndole:
Mientras el joven príncipe se bañaba en el estanque del palacio, la joven princesa cogió otro papel e imitando la letra de la Raní, escribió en él lo siguiente:
"Cuida con todo cariño de este muchacho y dale cuanto te pida."
Hecho esto, entregó la misiva al príncipe y rasgó la verdadera.
Al oír esto, la princesa pidió a su amado que le enseñase la carta de la reina, y como era muy inteligente, enseguida comprendió el plan de la malvada bruja. Sin embargo, no dijo nada, y encargó a sus esclavos que le dieran cuanto desease.
Jamás tan pocas palabras produjeron tanta alegría. Los habitantes del país celebraron grandes fiestas populares, pero el hijo de las siete reinas dijo que sólo podría casarse cuando hubiese recobrado los ojos de sus madres.
-Padre mío, este es el hombre con quien quiero casarme.
En el curso del viaje llegó a un país cuyos habitantes aparecían tan tristes que el príncipe les preguntó que les ocurría. Le contestaron que era debido a que la única hija del Rajá se negaba a casarse y por ello, cuando muriese el soberano, el país se encontraría sin príncipe heredero.
Añadieron los informadores que la princesa había asegurado que sólo se casaría con el príncipe que fuera hijo de siete madres. Desesperado el rey, ordenó que todo forastero que llegara a la población, fuera conducido ante la princesa. Por ello, a pesar de su impaciencia por llegar donde se encontraban los ojos de sus madres, el príncipe fue conducido ante la princesa, quien apenas lo vio enrojeció intensamente, y volviéndose hacia el rey, le dijo: ... (ver texto completo)