En su desesperación y dolor, el
gigante se retorcía de tal modo que todavía hoy se ven las huellas de su cuerpo que forman un
valle, y su cabeza se convirtió en
piedra.
Muerto el Trauko, ambos hermanos se fueron a la
cueva del gigante malo y allí encontraron tanto oro y
piedras preciosas, que se hicieron ricos. Los perros Norte y Sur se quedaron siempre con ellos y los reconocieron como sus salvadores no sólo ambos hermanos, sino también todos los habitantes de los alrededores, que tanto había hecho
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