Recopilación: Graciela Repún
Esta leyenda etíope narra el casual hallazgo del café, “probado por unas cabras, descubierto por un pastor, tostado por un Abad, celebrado por unos monjes, que nunca pudieron imaginar que ese enérgico sabor se seguiría prolongando durante siglos”.
La leyenda del café
Luis mena espero conocerte y te conoceré seguro qué si por lo simpático qué eres
Usuario 172984 es muy impersonal. Si no te expones a grandes males revelando tu identidad (la CIA no nos pierde ojo ¡) dime quién eres, dónde vives, a qué te dedicas...ésto facilitará una comunicación mas personal.
Dicen que esos esclavos volaron de vuelta al África. Nosotros no lo sabemos, realmente. Pero sí recordamos y aún hoy contamos esta historia a todos aquellos que intentan, en sus corazones y en sus mentes, desplegar sus alas y volar.
El anciano miró al capataz directo a los ojos. “ ¡Ahora!” fue todo lo que dijo. Ante esa única palabra, toda la gente hizo una rueda y se tomó de las manos. Recitando las palabras mágicas, todos se elevaron lentamente, volando por encima de los campos, lejos del alcance del capataz.
Cada vez que un esclavo caía desmayado por el calor, el capataz alzaba su látigo. Pero cada vez que lo hacía, el esclavo se elevaba por los aires. Fue entonces que el capataz vio al anciano, con la boca ya lista para gritar. “ ¡Agarren a ese viejo!” gritó el capataz, levantando el látigo.
El sol quemaba tanto, que otros empezaron a caer. Él iba a estrellar su látigo contra uno de los hombres, pero antes que le cayera, sonó otra vez el grito. El exhausto esclavo se elevó al aire. Entonces el capataz vio a una mujer sentada, hecha un ovillo y alzó su látigo para golpearla. Una vez más se escucharon aquellas palabras mágicas y la mujer levantó vuelo.
Ante esas palabras, Sarah se empezó a elevar. Abrió los brazos; los sentía como si fuesen alas. Se elevó como un águila sobre el látigo del capataz.
Dando giros con su caballo, el capataz vociferó: “ ¿Quién gritó? ¿Qué dijo?” Todos los demás esclavos se mantenían callados y seguían trabajando, pero ellos sabían que Sarah había volado hacia la libertad.
Pero en eso, el bebé de Sarah empezó a gemir y a llorar y ella se detuvo para calmarlo.
El capataz cabalgó hacia ella y en el preciso momento en que iba a descargarle su látigo en la espalda, el anciano gritó esas palabras mágicas, que recordaba de mucho tiempo atrás.
“ ¡Vuelvan al trabajo! No hay tiempo para descansar”, gruñía el capataz.
Todos los demás esclavos pararon para mirarlo. Tambaleante, Sarah se incorporó con su niño en la espalda y comenzó a recoger de nuevo. Pero se cayó otra vez. El capataz le lanzó un latigazo, y Sarah se levantó por segunda vez. De entre las hileras de algodón surgió un anciano que se acercó a Sarah. Miró a ambos lados y luego le dijo algo al oído. Sarah miró en ambos sentidos y pasó el mensaje. El murmullo pasaba de esclavo ... (ver texto completo)
Ellos afirmaban que esta gente podía volar. En África, hace mucho tiempo, algunos pronunciaban unas palabras mágicas que los hacía elevarse por los aires como cuervos, agitando sus negras alas. Decían que cuando esta gente fue llevada en barcos como esclavos, tuvieron que replegar sus alas. En aquellas atestadas embarcaciones no había lugar para volar. Y decían también que cuando esta gente fue puesta en los campos,
perdieron la libertad de desplegar sus alas. Ni siquiera podían imaginarse volando.
Pero ... (ver texto completo)
La gente podía volar
Esta historia era contada entre los esclavos afroamericanos, mucho tiempo antes de que alguien la escribiera.
"Tempus fugit" Un año más... durante la infancia y la primera juventud, loa años no terminan de pasar, nos parecen eternos. Con la edad y cuanto más esta avanza, los años vuelan, el tiempo se nos va de entre los dedos. Por ello, el "carpe diem" clásico... aprovecha tu tiempo. Es "tiempo bien aprovechado" el que empleo aquí para felicitaros una vez más por San Bartolomé. A unos 15 kilómetros de donde vivo, en el pueblo de Ferreries, tienen a San Bartolomé (aquí San Bartomeu) por patrón. Ahi exhibiciones ... (ver texto completo)
Luis mena espero conocerte y te conoceré seguro qué si por lo simpático qué eres
Después, regresó a terminar el conejo. Pero, ¿a dónde se había ido? La ira de Raweno había asustado tanto al pobre conejo que había huido, sin haber sido acabado. Hasta el día de hoy, el conejo debe brincar con sus patas disparejas y se ha quedado asustado, porque nunca recibió los colmillos y garras que había pedido. En cuanto al búho, él se quedó como Raweno lo moldeó en un momento de ira—con los ojos grandes, un cuello corto, orejas grandes y la capacidad para ver sólo de noche, cuando Raweno ... (ver texto completo)
“ ¡Ya está!” dijo Raweno. “Ahora tienes unas orejas lo suficiente grandes para que escuches cuando alguien te dice lo que tienes que hacer, y un cuello tan corto que no podrás estirar la cabeza para ver lo que no deberías ver. Y tus ojos son grandes pero sólo podrás utilizarlos de noche—no de día, cuando estoy trabajando. Y finalmente, como castigo por tu desobediencia, tus plumas no serán rojas como las del cardenal, sino feas y grises, como las que tienes.” Y frotó al búho por todo el cuerpo con ... (ver texto completo)