Buen fín de semana forer@s.
Informado del descubrimiento, el Abad llevó a Kaldi a la cocina, y prudentemente hirvió una rama con algunos frutos rojos. Pero cuando probó el gusto de ambos, le pareció tan desagradable que en un impulso arrojó el atado entero sobre el fuego. La cocina se vio invadida de un aroma delicioso que indujo al Abad a hacer una nueva prueba. Tomó el fruto tostado y preparó una infusión que, con su perfume cálido atrajo a un grupo de monjes a la cocina. Así nació el café, de Etiopía al mundo; probado por ... (ver texto completo)
Kaldi tomó consigo unas ramas florecidas y encabezó la marcha hacia un monasterio que se encontraba a pocos kilómetros. A paso vivo lo seguía su rebaño. Al llegar a la casa religiosa, el pastor fue introducido a presencia del Abad, mientras sus animales quedaban al cuidado de unos desorientados monjes.
Lo primero que percibió fue que no se trataba de un arbusto de cerezas, y que el sabor no era tan agradable como el que esperaba. Pero también sintió que el cansancio producido por la larga noche de insomnio se había desvanecido y era remplazado por una energía que lo impulsaba a la acción.
Kaldi observó las plantas que aparentemente habían causado el cambio en su rebaño y probó con cautela una hojita y un fruto.
Hasta que unas cerezas tentadoras detuvieron su paso, y luego de mordisquearlas, las cabras retomaron su conducta nerviosa del día anterior.
Por el año seiscientos vivió en Etiopía un pastor llamado Kaldi. Cierto día que cuidaba su rebaño de cabras notó que los animales desarrollaban una conducta extraña. Nerviosamente iban y venían, subían y bajaban, en un estado de agitación que se prolongó todo el camino de regreso y persistió durante una noche, que se volvió interminable. Sólo a la mañana siguiente el rebaño pareció calmarse y fue así como siguió con mansedumbre al amodorrado pastor hasta las zonas de pastura.
Recopilación: Graciela Repún
Esta leyenda etíope narra el casual hallazgo del café, “probado por unas cabras, descubierto por un pastor, tostado por un Abad, celebrado por unos monjes, que nunca pudieron imaginar que ese enérgico sabor se seguiría prolongando durante siglos”.
La leyenda del café
Luis mena espero conocerte y te conoceré seguro qué si por lo simpático qué eres
Usuario 172984 es muy impersonal. Si no te expones a grandes males revelando tu identidad (la CIA no nos pierde ojo ¡) dime quién eres, dónde vives, a qué te dedicas...ésto facilitará una comunicación mas personal.
Dicen que esos esclavos volaron de vuelta al África. Nosotros no lo sabemos, realmente. Pero sí recordamos y aún hoy contamos esta historia a todos aquellos que intentan, en sus corazones y en sus mentes, desplegar sus alas y volar.
El anciano miró al capataz directo a los ojos. “ ¡Ahora!” fue todo lo que dijo. Ante esa única palabra, toda la gente hizo una rueda y se tomó de las manos. Recitando las palabras mágicas, todos se elevaron lentamente, volando por encima de los campos, lejos del alcance del capataz.
Cada vez que un esclavo caía desmayado por el calor, el capataz alzaba su látigo. Pero cada vez que lo hacía, el esclavo se elevaba por los aires. Fue entonces que el capataz vio al anciano, con la boca ya lista para gritar. “ ¡Agarren a ese viejo!” gritó el capataz, levantando el látigo.
El sol quemaba tanto, que otros empezaron a caer. Él iba a estrellar su látigo contra uno de los hombres, pero antes que le cayera, sonó otra vez el grito. El exhausto esclavo se elevó al aire. Entonces el capataz vio a una mujer sentada, hecha un ovillo y alzó su látigo para golpearla. Una vez más se escucharon aquellas palabras mágicas y la mujer levantó vuelo.
Ante esas palabras, Sarah se empezó a elevar. Abrió los brazos; los sentía como si fuesen alas. Se elevó como un águila sobre el látigo del capataz.
Dando giros con su caballo, el capataz vociferó: “ ¿Quién gritó? ¿Qué dijo?” Todos los demás esclavos se mantenían callados y seguían trabajando, pero ellos sabían que Sarah había volado hacia la libertad.