En cuanto se durmió el gigante, salió Periquín y, recogiendo el talego de oro, echó a correr hacia la planta gigantesca y bajó a su casa. Así la viuda y su hijo tuvieron dinero para ir viviendo mucho tiempo.
La madre se puso muy contenta. Y así fueron vendiendo los huevos de oro, y con su producto vivieron tranquilos mucho tiempo, hasta que la gallina se murió y Periquín tuvo que trepar por la planta otra vez, dirigiéndose al castillo del gigante. Se escondió tras una cortina y pudo observar cómo el dueño del castillo iba contando monedas de oro que sacaba de un bolsón de cuero.
Cuando se levantó Periquín al día siguiente, fue grande su sorpresa al ver que las habichuelas habían crecido tanto durante la noche, que las ramas se perdían de vista. Se puso Periquín a trepar por la planta, y sube que sube, llegó a un país desconocido. Entró en un castillo y vio a un malvado gigante que tenía una gallina que ponía un huevo de oro cada vez que él se lo mandaba. Esperó el niño a que el gigante se durmiera, y tomando la gallina, escapó con ella. Llegó a las ramas de las habichuelas, ... (ver texto completo)
-Son maravillosas -explicó aquel hombre-. Si te gustan, te las daré a cambio de la vaca.
Así lo hizo Periquín, y volvió muy contento a su casa. Pero la viuda, disgustada al ver la necedad del muchacho, cogió las habichuelas y las arrojó a la calle. Después se puso a llorar.
Las habichuelas mágicas. Hans Christian Andersen

Periquín vivía con su madre, que era viuda, en una cabaña del bosque. Como con el tiempo fue empeorando la situación familiar, la madre determinó mandar a Periquín a la ciudad, para que allí intentase vender la única vaca que poseían. El niño se puso en camino, llevando atado con una cuerda al animal, y se encontró con un hombre que llevaba un saquito de habichuelas.
Buen Fin de semana y puente.
Felicidades a las Pilares del foro.
Los dioses aguardaban de un momento a otro la aparición de Nanahuatzin en algun lugar del cielo, ya transformado en sol. Y el sol llegó del oriente pintado de rojo, esplendoroso, proporcionando calor. Tecuciztécatl llegó después, brillando con igual intensidad. Los dioses se preguntaban que hacer con dos soles. Alguno tomó un conejo y con él abofeteó al segundo sol, opacando su brillo y cambiándolo en la Luna.

Ocelote: felino perecido a la pantera.
Así fue que los dioses comenzaron a reunirse alrededor del fuego divino y en medio colocaron a Tecuciztécatl y a Nanahuatzin. Le ordenaron a Tecuciztécatl que se arrojara al fuego. Este obedeció con premura, pero al sentir el ardor del fuego no lo pódo resistir y retrocedió. Lo intentó una, dos, tres, cuatro veces más y no fue capaz de lanzarse a las llamas; en ese momento, le ordenaron a Nanahuatzin que se adentrara en las llamas. Se arrojó decidido; hizo fuerte su corazón, cerró los ojos y no vaciló. Ardía en el fuego divino. Aquella actitud decidida hizo reflexionar a Tecuciztécatl sobre su temor, e impulsado por el arrepentimiento, se lanzó a las llamas... aunque para entonces, ya era tarde. En esos momentos un águila descendió hacia la hoguera y súbitamente un ocelote brincó dentro cuando las llamas casi se apagaban. De esta forma se explican el negro plumaje del águila y las manchas del ocelote. ... (ver texto completo)
Tecuciztécatl y Nanahuatzin comenzaron a preparar sus ofrendas mientras ayunaban como penitencia; a la par, los dioses preparaban el fuego de la "roca divina". Todo lo que Tecuciztécatl ofrendaba era precioso: plumas de quetzal, oro, espinas de jade y sangre de coral obtenida por espinas de obsidiana. Lo que Nanahuatzin ofrecía eran cañas verdes, plantas medicinales, espinas de maguey y la sangre pura que manaba por sus manos. Cada uno hizo penitencia en los montes que les construyeron los dioses, ... (ver texto completo)
Leyenda del nacimiento del sol y la luna. Leyenda nahua. México.

En la noche de los tiempos, allá por Teotihuacan, la ciudad de los dioses, estos se reunieron para planear el nuevo día. Y preguntaban quien llevaría a cuestas la luz. Entre los allí reunidos se presentó Tecuciztécatl. ¿Y quién más? Como todos se miraban temerosos y se escondían, los dioses se dirigieron a Nanahuatzin, quien tranquilamente aceptó pues amaba a los dioses.
Hago votos porque lugares tan entrañables como La Almarcha no sean engullidos por la voraz "globalización" que une pero se lleva por delante a los "pequeños" que estorban. Todo no debe de ser New York, London, Paris, Roma, Berlin, Madrid, Barcelona... poblaciones menores y lugares modestos albergan a millares de personas que los sienten y los quieren como "su tierra". Tienen derecho a ello y a que estos lugares prosperen, se desarrollen y ofrezcan un futuro.
Ya lo creo que pasan rapidos los años, 6 son los años que hace hoy dia 9 que fallecio mi padre parece que fue ayer, lo hecho en falta jolin no quiero ponerme triste a el no le gustaría. Buenas noches para todos feliz descanso.
UNOS REFRANES DEL MES DE OCTUBRE

En octubre, de hoja el campo cubre
En octubre, de la sombra huye
Octubre lluvioso año copioso
Deja recuerdos espantosos los octubres que empiezan tormentosos
Agua de octubre las mejores frutas pudre
Por las costas De Levante el diluvio y la inundación en octubre hacen su aparición
En octubre no molesta la lumbre.
... (ver texto completo)
Sí, ya han pasado unos años, ya!
Ya lo creo que pasan rapidos los años, 6 son los años que hace hoy dia 9 que fallecio mi padre parece que fue ayer, lo hecho en falta jolin no quiero ponerme triste a el no le gustaría. Buenas noches para todos feliz descanso.
Pero u tío no estaba satisfecho del todo pues una parte del día se hallaba aún en tinieblas y esto le recordaba a la humanidad, con miedo y tristeza, la época en que todo era tinieblas. Fue entonces cuando el cacique de Iraca resolvió hacer lo mismo que su sobrino, perdiéndose en la bóveda celestial. Y se convirtió en un astro de luz más tenue: la Luna. Su luz servía para alegrar a la gente durante la ausencia del sol.
Leyenda del sol y la luna. Colombia.
El cacique de Iraca y su sobrino Ramiquirí gobernaban sobre la tierra en una noche absoluta. Para resolver la situación, el cacique de Iraca decidió que su sobrino ascendiera sobre los cielos y trajera la luz. Este se dirigió vertiginosamente hacia las alturas y de pronto se transformó en un astro incandescente y luminoso: Ramiquirí se había convertido en el sol.