Al finalizar, el Santo Padre invocó al Espíritu Santo para “que nos ilumine para que ninguno tenga un corazón perverso: un corazón duro que te lleve a la pusilanimidad; un corazón obstinado que te lleve a la rebeldía, a la ideología; un corazón seducido, esclavo de la seducción, que te lleve a un cristianismo de compromiso”.
En esta línea, el Papa alertó también sobre el riesgo de tener un corazón perverso por la “seducción del pecado” y añadió que “con la seducción, o te conviertes y cambias de vida o tratas de llegar a un acuerdo” hasta empezar a tener “una doble vida cristiana”.
“Podemos preguntarnos: ¿Tengo el corazón duro? ¿Tengo el corazón cerrado? ¿Dejo crecer mi corazón? ¿Tengo miedo a que crezca? Y si crece siempre con las pruebas, con las dificultades, si crece como crecemos todos nosotros de niños: aprendemos a caminar cayendo, ¡del gatear al caminar cuántas veces hemos caído! Se crece con las dificultades”, dijo.
Por ello, el Pontífice advirtió sobre el peligro de “deslizarse en un corazón perverso” de tener un corazón duro, un corazón cerrado “que no quiere crecer, que se mete a la defensiva, se cierra” y animó a interrogarnos cómo es nuestro corazón.
“ ¿Pero tengo un corazón terco? Todo el mundo piensa. ¿Soy capaz de escuchar a otras personas? Y si pienso lo contrario, diga: "Pero creo que sí..." ¿Soy capaz de dialogar? Los obstinados no dialogan, no saben, porque siempre se defienden con ideas, son ideólogos. ¡Y las ideologías hacen mal al pueblo de Dios! ¡Mucho mal! Porque cierran la actividad del Espíritu Santo”, exclamó el Papa.
Además, el Santo Padre dijo que la Palabra de Dios te permite también “abrir el corazón a las señales del Espíritu, a los signos de los tiempos” en cambio “la ideología es una obstinación. “La obstinación es también orgullo, es soberbia. La testarudez, aquella testarudez, que hace tanto mal: cerrados de corazón”.
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La Palabra de Dios no es ideología, sino vida que hace crecer
Papa Francisco en la Misa de la Casa Santa Marta

Por: Redacción | Fuente: ACI Prensa

Durante la Misa matutina celebrada este 17 de enero en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco señaló que “la Palabra de Dios, la gracia del Espíritu Santo no es ideología, sino que es vida que te hace crecer, siempre, ir hacia adelante”.
¡Felicidades a las que lleven este nombre!
Etimológicamente: Prisca = “antigua”. Viene de la lengua latina.
El Señor “no ocultará su rostro a nosotros; recuerden bien, quizás alguno ha dicho de si cosas feas, cosas que no sabe cómo resolver, tanta amargura, por haber hecho algo. Él no ocultará su rostro. En el silencio te dirá que jamás te ha perdido de vista, me he quedado siempre. No se olviden nunca de decir padre”, concluyó.
“Puede ser que nosotros también pasemos por caminos lejos de Dios, como le sucedió al hijo pródigo; o caer en una soledad que nos hace sentir abandonados por el mundo; o, nuevamente, equivocarnos y estar paralizados por un sentimiento de culpa. En esos momentos difíciles, todavía podemos encontrar la fuerza para rezar, a partir de la palabra ‘padre’, pero dicha con un sentido tierno de un niño ‘Abba’, papá.”, exhortó.
Explicó que “el padre de aquella parábola, en sus modos de actuar, recuerda mucho el ánimo de una madre. Son sobretodo las madres a disculpar a sus hijos, a cubrirlos, a no interrumpir la empatía con ellos, a continuar a quererlo, incluso cuando ellos no merecerían nada”.
El Papa preguntó: “ ¿Es posible que Tú, oh Dios, conozcas solo el amor? ¿Tú no conoces el odio? Y Dios respondería: ‘Yo conozco solo el amor’. ¿En donde en ti hay venganza, reclamo de justicia, el enojo por tu honor herido? Dios respondería: ‘Yo conozco solo amor’”, afirmó.
En este sentido, Francisco recordó también la parábola del padre misericordioso relatada en el capítulo 15 del Evangelio de San Lucas, para invitar a imaginar la “oración pronunciada por el hijo pródigo, después de haber experimentado el abrazo de su padre que lo había esperado mucho tiempo, un padre que no recuerda las palabras ofensivas que él le había dicho, un padre que ahora le da a entender sencillamente cuánto lo extrañaba”.
De este modo, el Papa remarcó que “el cristiano no considera más a Dios como un tirano a temer, no tiene más miedo, sino que siente florecer en su corazón la confianza en Él: puede hablar con el Creador llamándolo ‘Padre’”.