-Excusado es buscar uno -respondió Marcelo- adonde hubo tan enormes pecados y tantos. Mas, aunque esto es así, no carece de razón vuestra pregunta, Sabino; porque, si atendemos bien a lo que por Moisés está escrito, podremos decir que en el pecado de la adoración del becerro merecieron (como en culpa principal) que, permitiéndolo Dios, desconociesen y negasen a Cristo después. Y podremos decir que de aquella fuente manó esta mala corriente, que, creciendo con otras avenidas menores, vino a ser un ... (ver texto completo)
Mas Sabino le respondió:
-Cosa era lo que se me ofrecía de poca importancia, y ya me parecía dejarla; mas, pues me convidáis a que la diga, decidme, Marcelo: si fue pena de sus pecados en los judíos el hablarles Dios por figuras, y se cegaron en el entendimiento de ellas por ser pecadores; y si, por haberse cegado, desconocieron y trajeron a Jesucristo a la muerte, ¿podréisme por ventura mostrar en ellos algún pecado primero tan malo y tan grande que mereciese ser causa de este último y gravísimo pecado que hicieron después? ... (ver texto completo)
Mas pues éstos son ciegos y sordos, y porfían en serlo, dejémoslos en su ceguedad y pasemos a declarar la fuerza de este brazo invencible. Y diciendo esto Marcelo, y mirando hacia Sabino, añadió:
-Si a Sabino no le parece que queda alguna otra cosa por declarar.
Y dijo esto Marcelo porque Sabino, en cuanto él hablaba, ya por dos veces había hecho significación de quererle preguntar algo, inclinándose a él con el cuerpo y enderezando el rostro y los ojos en él.
¿Levántoselo ahora yo, o no se lo dijo por Isaías Dios mucho antes? «Cegaré el corazón de este pueblo y ensordecerles he los oídos, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan, y no se conviertan a Mí ni los sane Yo.» Y que sirviese para esta ceguedad y sordez el hablarles Dios en figuras y en parábolas, manifiéstalo Cristo, diciendo: «A vosotros es dado conocer el misterio del reino; pero a los demás en parábolas, para que viéndolo no lo vean, y oyéndolo no lo oigan.»
Por manera que vio que a los unos aquella medianamente encubierta verdad les serviría de honesto ejercicio buscándola, y de santo deleite hallándola, y que eso mismo sería tropiezo y lazo para los otros, pero merecido tropiezo por sus muchos y graves pecados. Por los cuales, caminando sin rienda y aventajándose siempre a sí mismo, como por grados que ellos perdidamente se edificaron, llegaron a merecer este mal que fue el sumo de todos: que teniendo delante de los ojos su vida, abrazasen la muerte; ... (ver texto completo)
Porque de la manera que en la luz de la profecía da Dios mayor o menor luz, según la disposición y capacidad y calidad del profeta, y una misma verdad a unos se la descubre por sueños y a otros despiertos, pero por imágenes corporales y oscuras que se le figuran en la fantasía, y a otros por palabras puras y sencillas; y como un mismo rostro, en muchos espejos más y menos claros y verdaderos, se muestra por diferente manera; así Dios, esta verdad de su Hijo, y la historia y calidad de sus hechos, ... (ver texto completo)
Y demás de esto (si va a decir lo que siento), la dureza, Juliano, de aquella gente, y la poca confianza que siempre tuvieron en Dios, y los pecados grandes contra Él que de ella nacieron en aquel pueblo luego en su primer principio, y se fueron después siempre con él continuando y creciendo (feos, ingratos, enormes pecados), dieron a Dios causa justísima para que tuviese por bueno el hablarles así figurada y revueltamente.
Mas lo que pertenece a lo que antes de esto hizo Cristo, venciendo al demonio en la cruz, y despojando el infierno y triunfando de él y de la muerte, y subiéndose al cielo para juntar después a sí mismo todo su cuerpo, represéntaselo con nombres de guerras y victorias visibles, y alza luego la bandera y suena la trompa y relumbra la espada; y píntalo a las veces con tanta demostración, que casi se oye el ruido de las armas y el alarido de los que huyen; y la victoria alegre de los que vencen casi ... (ver texto completo)
Porque lo que toca a la gracia que desciende de Cristo en las almas, y a lo que en ella fructifica esta gracia, díceselo debajo de semejanzas tomadas de la cultura del campo y de la naturaleza de él. Y, como vimos esta mañana, para figurar este negocio hace sus cielos y tierra, y sus nubes y lluvia, y sus montes y valles, y nombra trigo, y vides, y olivas, con grande propiedad y hermosura.
Y así, todo lo grande y apartado de nuestra vida que Dios les promete, se lo pone tratable y deseable, saboreándoselo de esta manera que he dicho. Y particularmente en este misterio y promesa de Cristo, para asentársela en la memoria y en la afición, se la ofrece en los Libros divinos casi siempre vestida con una de dos figuras.
adonde Dios los llevaba, en oyendo que la moraban hombres valientes, temieron y desconfiaron, y volvieron atrás, llorando fea y vilmente; y no creyeron que, quien pudo romper el mar en sus ojos, podría derrocar unos muros de tierra; y ni la riqueza y abundancia de la tierra que veían y amaban, ni la experiencia de la fortaleza de Dios los pudo mover adelante; si luego y de primera instancia, y por sus palabras sencillas y claras, les prometiera Dios la encarnación de su Hijo y lo espiritual de sus ... (ver texto completo)
Porque si en acabando de ver el infinito poder de Dios, y la grandeza de su amor para con ellos en las plagas de Egipto, y en el mar Bermejo dividido por medio; y si teniendo casi presente en los ojos el fuego y la nube del Siná, y el habla misma de Dios que les decía la ley sonando en sus oídos entonces; y si teniendo en la boca el maná que Dios les llovía; y si mirando ante sí la nube que los guiaba de día y les lucía de noche, venidos a la entrada de la tierra de Canaán,
Y si en todos es esto, en la gente de aquel pueblo de quien hablamos tiene más fuerza y razón por su natural y no creíble flaqueza, y, como divinamente dijo San Pablo por su infinita niñez. La cual demandaba que, como el ayo al muchacho pequeño le induce con golosinas a que aprenda el saber, así Dios a aquellos los levantase a la creencia y al deseo del cielo, ofreciéndoles y prometiéndoles, al parecer, bienes de la tierra.
Y como Dios se hizo hombre dulcísimo y amorosísimo, para que lo que no entendíamos de la dulzura y amor de su natural condición, que no veíamos, lo experimentásemos en el hombre que vemos, y de quien se vistió para comenzar allí a encender nuestra voluntad en su amor, así en el lenguaje de sus Escrituras nos habla como hombre a otros hombres, y nos dice sus bienes espirituales y altos, con palabras y figuras de cosas corporales que les son semejantes; y, para que los amemos, los enmiela con esta miel nuestra, digo, con lo que Él sabe que tenemos por miel. ... (ver texto completo)
Pues para que cobremos afición y concibamos deseo de lo que nunca hemos gustado, preséntanoslo Dios debajo de lo que gustamos y amamos, para que, entendiendo que es aquello más y mejor que lo conocido, amemos en lo no conocido el deleite y contento que ya conocemos.