> <<¡El próximo 9 de abril del inminente año 2000 -según se hizo público
> > ayer, aniversario del incontrovertible "milagro del sol"- serán
> > solemnemente beatificados en Roma Jacinta y Francisco Marto, los dos
> > pastorcillos de Fátima que ya gozan de la visión beatífica...!>>.
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> ¡Qué maravillosa noticia!
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> Verdaderamente un gran adelanto para la humanidad.
Pues eso era sólo el aperitivo, L.
Como te veo tan clarividente y oportuno con lo de los pastorcillos, te adelanto que ya podéis ir preparando la muda de estreno y engalanando el Salón del Reino, pues mucho me temo que en el año entrante vais a festejar con mayor entusiasmo del que soléis...
En efecto, en los primerísimos lugares de la parrilla de salida para las beatificaciones del 2000 se sitúan nada menos que dos entrañables súper-Papas, a saber, el Papa bueno, Juan XXIII, que regaló a la Iglesia y al mundo el Concilio Vaticano II, y... ¡¡¡ ta - chan !!! Pío IX, el pionono del Concilio Vaticano y, así como del Syllabus y la Quanta cura, que ponen el corazón en carne viva a unos que yo me sé...
Como lo oyes, pibe, al parecer la Congregación para las Causas de los Santos leerá solemnemente los correspondientes decretos en presencia del papa Juan Pablo II en diciembre, antes de Navidad. Y es que resulta que, ya desde 1986, el proceso de beatificación de Pío IX está concluso con el reconocimiento formal de un milagro atribuido a su intercesión.
Qué cosas, Lito: cuando las tropas del rey Víctor Manuel tomaron la Ciudad Eterna y confinaron a ese Papa en el interior del Vaticano -él mismo se tuvo por prisionero y llegó a pensar en huir de Roma-, los escépticos de aquella Europa decimonónica se felicitaban porque al fin se extinguía para los restos lo que Voltaire descalificó como La Infamia, es decir, esa institución tan incómoda para sus conciencias que era la Iglesia. Pobres, no podían imaginar que era justo en ese instante cuando se estaba produciendo el último de los grandes esclavejíos misioneros (por decirlo en murciano): la gran expansión por el áfrica Negra y el Extremo Oriente que, como apunta Vittorio Messori, hizo que la Iglesia fuera propiamente católica.
Si levantaran la cabeza aquellos caducos y descreídos burgueses y vieran cómo esa Iglesia a la que echaron las cruces cuenta ya con mil millones de fieles, y encima va y eleva a los altares al Papa al que ellos creyeron definitivamente acorralado cual raposa en la angostura de su madriguera...
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