VIENTOS QUE DEJAN AMORES
No me niegues más tus besos
ni me pidas desamores,
que sueño con los regresos
envuelto en dulces candores.

Déjame besar tus labios
para vivir primaveras,
no quiero verlos tan lacios
sufriendo largas esperas.

Quiero sentirme dichoso
en tus brazos de dulzura,
el amor es tan hermoso
que te anula la amargura.

Besos que marcan camino
sin preguntar condiciones,
algunos cambian el signo
y se llenan de razones.

Vientos que dejan amores
entre brisas invernales,
con caricias y colores
que parecen naturales.

Amores que van llegando
con diferentes destinos,
la pena se va ocultando
sí son amores divinos.

Besos caricias y abrazos
hacen la vida más bella,
a veces trazan los lazos
mientras luce alguna estrella.

Cuando la noche nos marca
y los amores se extienden,
alguna frase te embarca
en amores que se entienden.

Deja que bese tu boca
sin pedirme explicaciones,
no quiero sentirte loca
ni vivir sin ilusiones.
G X Cantalapiedra. ... (ver texto completo)
No te rindas
aunque digan
que insistas
y maldigan.
Que te vaya bien
en tu empresa
y ponte un cien
es la promesa.
Si tu medices ven
que yo te lo haria
no siendo de Jaen
pero te gustaria.
Belmonte (Cuenca)

Que bonito es mi pueblo
Con su plaza de las Pablas
Su alameda y su castillo
Y el rincón de sus aguadas.
Entradilla

Con la pluma en mi mano
Y en el infinito la mirada
Ni soy laicista ni pagano
Abrazo mi fe muy amada
En el Cristo resucitado.
Porque, aunque es verdad que el ya justo puede merecer mucho con Dios, mas esto, que es venir a ser justo el que era aborrecido enemigo, solamente nace de las entrañas liberales de Dios; y así, dice Santiago que nos engendró voluntariamente. Adonde lo que dijo con la palabra griega [bouletheís], que significa de su voluntad, quiso decir lo que en su lengua materna, si en ella lo escribiera, se dice Nadib, que es palabra vecina y nacida de la palabra nedaboth, que, como dijimos, significa a estos que llamamos liberales y príncipes. ... (ver texto completo)
- ¿Qué? -respondió Juliano-. Que ninguna cosa son menos que reyes. Lo uno, porque el fin adonde se endereza su oficio es hacer a sus vasallos bienaventurados, con lo cual se encuentra por maravillosa manera el hacerlos apocados y viles. Y lo otro porque, cuando no quieran mirar por ellos, a sí mismos se hacen daño y se apocan. Porque, si son cabezas, ¿qué honra es ser cabeza de un cuerpo disforme y vil? Y si son pastores, ¿qué les vale un ganado roñoso? Bien dijo el poeta trágico:

Mandar entre ... (ver texto completo)
Porque demás de que los hombres por cuyos ojos y oídos ven y oyen los reyes, muchas veces se engañan, procuran ordinariamente engañarlos por sus particulares intereses e intentos. Y así, por maravilla entra en el secreto real la verdad. Mas nuestro Rey, porque su entendimiento, como clarísimo espejo, le representa siempre cuanto se hace y se piensa, no juzga, como dice Isaías, ni reprende ni premia por lo que al oído le dicen, ni según lo que a la vista parece, porque el un sentido y el otro sentido ... (ver texto completo)
-A mí -dijo Marcelo- no me habéis, Juliano, quitado ningún lugar, sino antes me habéis dado espacio para que con más aliento prosiga mejor mi camino. Y a vos, Sabino (dijo volviéndose a él), no os pase por la imaginación querer concertar, o pensar que es posible que se concierten, las condiciones que puso Dios en su Rey, con las que tienen estos reyes que vemos.
Mas si no se atreven a esto los ayos es porque ellos, y los demás que crían a los príncipes los quieren imponer en el ánimo a que no se precien de bajar los ojos de su grandeza con blandura a sus súbditos; y, en el cuerpo, a que ensanchen el estómago cada día con cuatro comidas, y a que aun la seda les sea áspera y la luz enojosa. Pero esto, Sabino, es de otro lugar, y quitamos en ello a Marcelo el suyo, o, por mejor decir, a nosotros mismos el de oír enteramente las cualidades de este verdaderoRey ... (ver texto completo)
-Así es -dijo Sabino-; pero ¿qué ayo osaría ejercitar en dolor y necesidad a su príncipe? O si osase alguno, ¿cómo sería recibido y sufrido de los demás?
-Esa es -respondió Juliano- nuestra mayor ceguedad: que aprobamos lo que nos daña, y que tendríamos por bajeza que nuestro príncipe supiese de todo, siendo para nosotros tan provechoso, como habéis oído, que lo supiese.
Mas aunque ellos, cuanto a lo que les toca, desechen de sí este amaestramiento de Dios, la experiencia de cada día nos enseña que no son los que deben por carecer de él. Porque ¿de dónde pensáis que nace, Sabino, el poner sobre sus súbditos tan sin piedad tan pesadísimos yugos, el hacer leyes rigurosas, el ponerlas en ejecución con mayor crueldad y rigor, sino de nunca haber hecho experiencia en sí de lo que duele la aflicción y pobreza?
-Algunos -dijo al punto Juliano- de los antiguos quisieron que el que se criaba para ser rey se criase en trabajos, pero en trabajos de cuerpo, con que saliese sano y valiente. Mas en trabajos de ánimo que le enseñasen a ser compasivo, ninguno, que yo sepa, lo escribió ni enseñó. Mas si fuera ésta enseñanza de hombres, no fuera este rey de Marcelo Rey propiamente hecho a la traza y al ingenio de Dios, el cual camina siempre por caminos verdaderos, y, por el mismo caso, contrarios a los del mundo, ... (ver texto completo)
El sentido todo del tacto, rasgado y herido por infinitas partes del cuerpo, no tocó cosa que no le fuese enemiga y amarga. Al fin dio licencia a su sangre, que, como deseosa de lavar nuestras culpas, salía corriendo abundante y presurosa. Y comenzó a sentir nuestra vida, despojada de su calor, lo que sólo le quedaba ya por sentir: los fríos tristísimos de la muerte y, al fin, sintió y probó la muerte también.