Ah, por mí encantada, trato hecho, me invitas a tu casa y te pinto todo lo que quieras. Yo pinto siempre en mi casa. Ya sabes en el pueblo los blanqueos eran o son cosa de las mujeres. Cuando era pequeña veía a mi madre blanquear y a mi me daba curiosidad. Cuando mi madre dejaba la brocha para irse a preparar la comida yo la cogía y me liaba a pintar me divertía hacerlo. No debía hacerlo muy mal porque mi madre no me reñía después. Me fijaba mucho en las cosas y luego las hacia yo.
Saludos: Dulcinea.
Saludos: Dulcinea.