El miércoles pasado tuvo lugar un hecho que tiene conmocionada a media humanidad. Ocurrió a plena luz del día, en Roma, la capital del antiguo imperio romano, y capital hoy día de un país de la Unión Europea llamado Italia. Una muchacha de diecinueve años que profería insultos con voz cavernosa a un obispo (se desconoce si existía alguna razón que justificase la actitud de la ciudadana para con él) sufrió ayer una experiencia que a buen seguro le costará olvidar. Tras ser identificada, y aunque en ... (ver texto completo)