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Pienso que, cuanto más pequeños son los ríos, más parecen tener ese indefinible atributo que en el mundo caracteriza a ciertas personas: la virtud de despertar el interés con su sola presencia y su modo de conducirse...
Pienso que, cuanto más pequeños son los ríos, más parecen tener ese indefinible atributo que en el mundo caracteriza a ciertas personas: la virtud de despertar el interés con su sola presencia y su modo de conducirse...
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La zona más deslumbrante de una ciudad o un pueblo es aquella que atraviesan las aguas de un río. Un ejemplo lo tenemos en nuestra querida Cuenca.
Los ociosos suelen elegir un puente como lugar de meditación siempre que les es posible; y, a falta de puente, se les puede ver sentados al borde mismo de un muelle o un malecón balanceando las piernas sobre el agua...
La zona más deslumbrante de una ciudad o un pueblo es aquella que atraviesan las aguas de un río. Un ejemplo lo tenemos en nuestra querida Cuenca.
Los ociosos suelen elegir un puente como lugar de meditación siempre que les es posible; y, a falta de puente, se les puede ver sentados al borde mismo de un muelle o un malecón balanceando las piernas sobre el agua...
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Pero el verdadero modo de conocer un pequeño río no se reduce a echarle una ojeada a lo largo de un presuroso viaje, ni encontrarlo después del parcial deterioro causado por un contacto demasiado estrecho con la obra del hombre. Para conocerlo bien, se recomienda adentrarse en sus rincones, y seguir poco a poco su curso...
Pero el verdadero modo de conocer un pequeño río no se reduce a echarle una ojeada a lo largo de un presuroso viaje, ni encontrarlo después del parcial deterioro causado por un contacto demasiado estrecho con la obra del hombre. Para conocerlo bien, se recomienda adentrarse en sus rincones, y seguir poco a poco su curso...
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Es esencial dejarse conducir con placer; aceptar al río como guía, filósofo y amigo, porque él puede enseñarnos mejor que ningún otro maestro, la forma en que la naturaleza nos brinda sus encantos de color y música.
A medida que cae el crepúsculo y el aire se va llenando de de traslúcidos inscetos que ejecutan su última danza en el aire del día, la voz del pequeño río va haciéndose más sonora y distinta...
Es esencial dejarse conducir con placer; aceptar al río como guía, filósofo y amigo, porque él puede enseñarnos mejor que ningún otro maestro, la forma en que la naturaleza nos brinda sus encantos de color y música.
A medida que cae el crepúsculo y el aire se va llenando de de traslúcidos inscetos que ejecutan su última danza en el aire del día, la voz del pequeño río va haciéndose más sonora y distinta...
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En esa hora mística se oye el más celestial de todos los cantos del pájaro, el gorjeo del tordo. A veces, y no con mucha frecuencia, se ve al ave canora mientras derrama toda la dulzura de su corazón en una prolongada cadencia flída, de limpias notas ondulantes, con altibajos que van dejando un eco de interminables curvas melódicas...
En esa hora mística se oye el más celestial de todos los cantos del pájaro, el gorjeo del tordo. A veces, y no con mucha frecuencia, se ve al ave canora mientras derrama toda la dulzura de su corazón en una prolongada cadencia flída, de limpias notas ondulantes, con altibajos que van dejando un eco de interminables curvas melódicas...