Salvo raras excepciones, entre el franquismo y la iglesia siempre ha habido una buena relación, como así lo demuestran la historia y las hemerotecas que quedó confirmado con su participación en el XXXV Congraso Internacional Eucarístico de Barcelona en 1952 y volvió a demostrarse de nuevo con su implicación el año 1962 en el Concilio Vaticano II. Del año 1952 puedo acordarme de muy pocas cosas, pues tenío sólo sólo tenía tres años, pero del Concilio Ecuménico algo recuerdo; lo que no sabía entonces era la repercusión que iba a tener en años venideros. Fue convocado el año 1959 por Juan XIII (El Papa Bueno, si mal no recuerdo) y dió comienzo en octubre de 1962 dando un giro radical a la Iglesia Católica.
Los chicos y chicas en edad escolar de aquellos años no teníamos edad de meternos en más profundidades, pero sí vimos como la Misa dejó de oficiarse en Latín, el sacerdote oficiaba la misa de cara a los feligreses, los curas dejaron de afeitarse la coronilla, dejaron de llevar sotana, las chicas podían ser monaguillas, había más acercamiento a los curas, a las Iglesias se les llamaba en ocasiones Iglesias Yé-yés y la Sagrada forma podía ser un trozo de pan de Pina bendecido y se podía coger con las manos. Los estómagos también sintieron la modernidad después del Concilio pues ya no se debía estar tantas horas en ayunas, y hasta La Hostia se podía coger con las manos y llevársela uno mismo a la boca.
Mientras llagaba el día 11 de octubre, cada tarde, antes de que terminaran las clases en la escuela, Doña María nos enseñaba esta oración que aún no he olvidado...
Los chicos y chicas en edad escolar de aquellos años no teníamos edad de meternos en más profundidades, pero sí vimos como la Misa dejó de oficiarse en Latín, el sacerdote oficiaba la misa de cara a los feligreses, los curas dejaron de afeitarse la coronilla, dejaron de llevar sotana, las chicas podían ser monaguillas, había más acercamiento a los curas, a las Iglesias se les llamaba en ocasiones Iglesias Yé-yés y la Sagrada forma podía ser un trozo de pan de Pina bendecido y se podía coger con las manos. Los estómagos también sintieron la modernidad después del Concilio pues ya no se debía estar tantas horas en ayunas, y hasta La Hostia se podía coger con las manos y llevársela uno mismo a la boca.
Mientras llagaba el día 11 de octubre, cada tarde, antes de que terminaran las clases en la escuela, Doña María nos enseñaba esta oración que aún no he olvidado...
En la España Católica y Apostólica de los años 60, años de mi adolescencia y primera juventud, el calendario venía marcado con muchas fiestas religiosas. Estas fiestas, desde Las Navidades a las Procesiones de Semana Santa o las Romerias a la Virgen, tienen algo de mágico dentro del encorsetado panorama religioso español. También son uno de los pocos momentos que se consiente a los chicos y adolescentes transgredir la rígida disciplina de aquellos años. ¿Verdad qué sí, Eufra7?
Una de aquellas festividades es la del DOMUND, que aunque no era una fiesta infantil así lo parecía pues los chicos y chicas con sus huchas pasábamos el día callejeando como "el gorrino San Antón. Era La Jornada Mundial Misionera y se celebraba el penúltimo domingo de octubre. En Alconchel eran Don Lino y Doña María los encargados de repartir las huchas el sábado que era cuando año tras año leíamos aquello que nos enseñaba que había cinco razas que aún quedaban por evangelizar; la enciclopedia las dividía gráficamente en: Blanca, negra, amarilla, cobriza y aceitunada o malaya. A esta fiesta también se le llamaba Domingo Mundial Misionero.
Según se decía entonces, España era un ejemplo a seguir en cuanto a las donaciones pues creo que fue el año 1961 ó 62 que con las huchas se recogieron unos 60 millones de pesetas, que para aquella época, creo que no está nada mal.
Bueno, ya os iré explicando más cosas sobre aquellos años. Besos para todos.
Una de aquellas festividades es la del DOMUND, que aunque no era una fiesta infantil así lo parecía pues los chicos y chicas con sus huchas pasábamos el día callejeando como "el gorrino San Antón. Era La Jornada Mundial Misionera y se celebraba el penúltimo domingo de octubre. En Alconchel eran Don Lino y Doña María los encargados de repartir las huchas el sábado que era cuando año tras año leíamos aquello que nos enseñaba que había cinco razas que aún quedaban por evangelizar; la enciclopedia las dividía gráficamente en: Blanca, negra, amarilla, cobriza y aceitunada o malaya. A esta fiesta también se le llamaba Domingo Mundial Misionero.
Según se decía entonces, España era un ejemplo a seguir en cuanto a las donaciones pues creo que fue el año 1961 ó 62 que con las huchas se recogieron unos 60 millones de pesetas, que para aquella época, creo que no está nada mal.
Bueno, ya os iré explicando más cosas sobre aquellos años. Besos para todos.