¡Mirad lo que se escribió, dedicado a las mujeres, el año 1923! Hoy pongo algo de éllo, y mañana continuaré; es difícil de copiarlo por la letra tan pequeña, y no se puede copiar y pegar.
" La belleza de la mujer, fascina, suspende, seduce; la gracia y la simpatía, atren, apasionan, cautivan.
Grande, poderoso es el encanto, el atractivo de la mujer hermosa, a quien la admiración de los hombres diviniza; pero esa extraordinaria hermosura, nos humilla, nos empequeñece; la impresión estética, domina, absorbe por completo nuestras facultades, oprime nuestros sentidos y no deja latir libremente el corazón.
Otra muy distinta es la sensación que una mujer simpática, de arrebatadora e irresistible simpatía, nos produce. No es ya aquella impresión imponderable, importante, que nos sobrecoge y cohibe, sino otra emoción muy distinta, placentera, serena, armoniosa, y atrayente, que nos subyuga, que tira insensiblemente de nosotros, que va adueñándose poco a poco de nuestra voluntad y de nuestro albedrío, que se filtra subrepticiamente en nuestro corazón...."
Lo escribió el día 30 de abril de 1923, D. Segismundo Medina Padilla en el periódico defensor de los intereses conquenses, LA VOZ DE CUENCA, cuyo propietario era D. Felipe Ruiz de Lara.
Espero que os haya gustado. Un beso
" La belleza de la mujer, fascina, suspende, seduce; la gracia y la simpatía, atren, apasionan, cautivan.
Grande, poderoso es el encanto, el atractivo de la mujer hermosa, a quien la admiración de los hombres diviniza; pero esa extraordinaria hermosura, nos humilla, nos empequeñece; la impresión estética, domina, absorbe por completo nuestras facultades, oprime nuestros sentidos y no deja latir libremente el corazón.
Otra muy distinta es la sensación que una mujer simpática, de arrebatadora e irresistible simpatía, nos produce. No es ya aquella impresión imponderable, importante, que nos sobrecoge y cohibe, sino otra emoción muy distinta, placentera, serena, armoniosa, y atrayente, que nos subyuga, que tira insensiblemente de nosotros, que va adueñándose poco a poco de nuestra voluntad y de nuestro albedrío, que se filtra subrepticiamente en nuestro corazón...."
Lo escribió el día 30 de abril de 1923, D. Segismundo Medina Padilla en el periódico defensor de los intereses conquenses, LA VOZ DE CUENCA, cuyo propietario era D. Felipe Ruiz de Lara.
Espero que os haya gustado. Un beso
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Yo he seguido por calles y paseos, interesado, curioso, a esas parejitas de enamorados, casados o solteros, y por qué no decirlo, he sentido un poco de envidia del galán, en cuyo brazo se apoyaba, con dulce abandono, una niña morena, de ojos de endrina, acariciadores, que miraban, henchidos de amor, a su afortunado acompañante.
He contemplado en exposiciones y museos, a estas muchachitas mimosas, exquisitamente sensibles, que se apretaban contra el cuerpo de su esposo distraído, al mismo tiempo que el cicerone implacable mostraba a la admiración de los visitantes la capa pluvial de Cisneros o el báculo, pesado y ostentosos de Mendoza.
He sorprendido la inquietud, la graciosa movilidad, el divino enamoramiento de estas recién casadas, ingenuas, cuyos maridos las besarán bruscamente en la boca, al atravesar los pasadizos tortuosos que conducen a los baños de Lindaraja, en el palacio bermejo de Granada, en esa maravillosa mansión que las hadas fabricaron en la Alhambra.
He admirado sobre todo, el gracioso, el sugestivo grupo de mujeres que forman una mujer pequeñita e inquieta, que se cuelga del brazo de un hombretón fornido; la mujercita tiene que empinarse sobre las puntas de sus pies dimin utos para poder mirar su felicidad, reflejada en las pupilas inmóviles, herméticas, de su aburrido compañero de todos los días.....
Yo he seguido por calles y paseos, interesado, curioso, a esas parejitas de enamorados, casados o solteros, y por qué no decirlo, he sentido un poco de envidia del galán, en cuyo brazo se apoyaba, con dulce abandono, una niña morena, de ojos de endrina, acariciadores, que miraban, henchidos de amor, a su afortunado acompañante.
He contemplado en exposiciones y museos, a estas muchachitas mimosas, exquisitamente sensibles, que se apretaban contra el cuerpo de su esposo distraído, al mismo tiempo que el cicerone implacable mostraba a la admiración de los visitantes la capa pluvial de Cisneros o el báculo, pesado y ostentosos de Mendoza.
He sorprendido la inquietud, la graciosa movilidad, el divino enamoramiento de estas recién casadas, ingenuas, cuyos maridos las besarán bruscamente en la boca, al atravesar los pasadizos tortuosos que conducen a los baños de Lindaraja, en el palacio bermejo de Granada, en esa maravillosa mansión que las hadas fabricaron en la Alhambra.
He admirado sobre todo, el gracioso, el sugestivo grupo de mujeres que forman una mujer pequeñita e inquieta, que se cuelga del brazo de un hombretón fornido; la mujercita tiene que empinarse sobre las puntas de sus pies dimin utos para poder mirar su felicidad, reflejada en las pupilas inmóviles, herméticas, de su aburrido compañero de todos los días.....
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