En diversos Concilios, en cambio, la cuestión se abordó condenando la posición monotelita como un error pernicioso, ya que el monotelismo era en realidad una sutil respuesta herética sobre la verdadera
naturaleza de Jesús: la de ser verdadero Dios y verdadero hombre, dogma proclamado por la
Iglesia. La doctrina de la presencia de dos voluntades en
Cristo, la divina y la humana, fue reafirmada por el Concilio de Letrán (octubre de 649), convocado por el Papa
San Martín I, lo que le costó la muerte,
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