¿Dónde te escondes tú, aquella que hacía florecer por
primavera las macetas de albahaca y geranios de su
balcón? En ese balcón el despejado
cielo de mayo arrancaba chispas a tus cabellos, y entonces mi corazón registraba estremecimientos propios de yunque de
fragua.
Tus ojos, escondidos entre las hojas de madroño del
huerto aldeano de Getsemaní, cuando la época de
Semana Santa. En esa circunstancia, para llegar a ti había que atravesar una guarida de chacales, y no me quedaba otra alternativa que
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