Érase una vez una niña llamada Sophie. Vivía en un país donde los cielos jamás se deshacían de su costra de nubes, y tenía un libro bellamente ilustrado acerca de la luna. Pero nunca, por causa de las nubes, la había visto en lo alto de la bóveda del cielo.
Todas las noches, Sophie salía al sereno con la esperanza de poder ver la luna. A pesar de lo vehemente de su deseo, jamás su mirada consiguió atravesar la borrosa gasa de la niebla nocturna. La única luz se la tendía la farola que débilmente ... (ver texto completo)
Todas las noches, Sophie salía al sereno con la esperanza de poder ver la luna. A pesar de lo vehemente de su deseo, jamás su mirada consiguió atravesar la borrosa gasa de la niebla nocturna. La única luz se la tendía la farola que débilmente ... (ver texto completo)