Güenos y primaverales días, alamilleros de dentro y de fuera. Quiero agredecel el Emigrao que se acordara de mí la tarde y la noche que llovió está Semana Santa; poco ha sido: p´asentar el polvo de los caminos, pero es verdá que al sufrío campo le ha cambiao la cara porque la que tenía "daba miedo". A vel si quiere la Virgen de las Veredas, que la de Las Cruces ya lo ha querío, que llueva estos días, siquiera otro poquejo, y se salve algo la primavera, ganaderamente hablando.
Güeno, que yo tamién ... (ver texto completo)
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