–Tú eres el único de ellos que no ha dejado de venir aquí –le dijo el camarero (ya el cabello cano y la forma perdida) del bar que había en la plaza donde estaba ubicado el colegio de María Inmacu-lada.
Pablo sacó la fotografía de entre sus viejos bocetos de dibu-jo. El camarero la miró nostálgico con él. A su lado se secaban los posos del único café que había consumido esa mañana lluviosa. No había conseguido el éxito en la vida, y ya había dejado de aspirar al mismo.
–Estamos todos aquí –murmuró ... (ver texto completo)
Pablo sacó la fotografía de entre sus viejos bocetos de dibu-jo. El camarero la miró nostálgico con él. A su lado se secaban los posos del único café que había consumido esa mañana lluviosa. No había conseguido el éxito en la vida, y ya había dejado de aspirar al mismo.
–Estamos todos aquí –murmuró ... (ver texto completo)