Los sacerdotes, además de predicar con la palabra, debieran hacerlo también con el ejemplo.
Lo que vale es lo que haces, más que lo que dices.
Si lo que dices no se ajusta a lo que haces, es que la hipocresía ha llamado a tu
puerta.
Los sacerdotes hacen de su
parroquia su feudo. Les limpian, les hacen de
comer, y a algunos, incluso, algunas cositas más. Desde la comodidad de su vida, se olvidan de extender el alma y las manos hacia los demás. Cubren el expediente mínimo que la
Santa Iglesia ... (ver texto completo)