La balada de los últimos días (XII): En los sueños y en la realidad
Ese atardecer Pepe Abascal volvió a asomar la nariz por Madrid Moderno. Recitó para sus adentros un "Padrenuestro" (algo a lo que no estaba en exceso acostumbrado) mientras se acercaba a la fachada del lugar que imantaba su corazón. La boca del túnel le mostró su fresca calígine; todas sus ganas se cifraban en volver a atravesarla; pero sus pies le mantenían quieto en el sitio. Un escuadrón de golondrinas y vencejos danzaban describiendo ... (ver texto completo)
Ese atardecer Pepe Abascal volvió a asomar la nariz por Madrid Moderno. Recitó para sus adentros un "Padrenuestro" (algo a lo que no estaba en exceso acostumbrado) mientras se acercaba a la fachada del lugar que imantaba su corazón. La boca del túnel le mostró su fresca calígine; todas sus ganas se cifraban en volver a atravesarla; pero sus pies le mantenían quieto en el sitio. Un escuadrón de golondrinas y vencejos danzaban describiendo ... (ver texto completo)