Nadie había sido tan feliz como las ranitas de Ranilandia:
se les antojó pedir a Júpiter les enviase un rey.
Sonrió benévolamente el padre de los dioses al oír
tal pretensión, y les lanzó una viga para satisfacer
su petición. Oyendo las ranas el estruendo del madero
al caer sobre las aguas, huyeron asustadas.
Pero una de ellas, curiosa por conocer al gran rey,
sacó la cabeza poco a poco y al ver la viga llamó
a los demás, que se acercaron de inmediato.
Subieron todas al madero, lo ensuciaron ... (ver texto completo)
se les antojó pedir a Júpiter les enviase un rey.
Sonrió benévolamente el padre de los dioses al oír
tal pretensión, y les lanzó una viga para satisfacer
su petición. Oyendo las ranas el estruendo del madero
al caer sobre las aguas, huyeron asustadas.
Pero una de ellas, curiosa por conocer al gran rey,
sacó la cabeza poco a poco y al ver la viga llamó
a los demás, que se acercaron de inmediato.
Subieron todas al madero, lo ensuciaron ... (ver texto completo)