Pues no te acerques por allí. Por si acaso no sabes torear.
Me he comido una coma. Quería decir:
No, hombre, no.
No, hombre, no es un seudónimo.
No obstante, un saludo para la familia de Hermógenes.
No tomé el nombre de esta persona, sinó de un filósofo griego.
Se me nota que hace mucho tiempo que no estoy por el pueblo ¿verdad?
López Torres plasma como nadie el alma manchega. Como no dejar aquí la evidencia de una de sus mas bellas obras.
¿No os recuerda cuando de muchachos salíamos de la escuela ?y en cualquier lugar nos poníamos a jugar a las bolas, al gua, al triángulo, el chole, etc... Como queráis llamarlo.
La Pava se iva y atrás se quedaba el blanco caserío de Alhambra.
Me dió como un momento de tristeza, de pena; pues , tal vez, pasarían varios meses antes de que decidiera mi regreso.
Tomó el autobús la carretera de la Solana y atrás quedó el cerro querido con mis querencias...
Seguro que Ud. Tiene algunas fotografías del Pozo de la Serna. Por favor colóquelas en esta web. Los sabioteños se lo agradecerán.
Seguro que las tiene y que son bastante bonitas.
Bubus siempre juntos y enamorados.
Vengan ala villa los libertadores en chile.
Fijense bien hay un extraterrestre entremedio de los arboles.
Esta sala esta en el centro de salud del pueblo y los fisios no son del pueblo bienen de fuera.
Ya te partes con la foto que han colocao a saber quien bueno y para que se sepa las fiestas del pozo son en junio el sagrado corazon y en julio para la virgen del carmen que todo lo que pone al principio es mentira 1 saludo para todo el pozo de la serna que somos los mejores.
El apellido Albaladejo es muy común en la zona sur de la provincia de Alicante y gran parte de la de Murcia; parece ser que esta población fué repoblada en alguna época con gentes de esas tierras que posteriormente volvieron a instalarse en ellas y algunos de los cuales adoptaro el nombre del pueblo como apellido.
Gazpacho manchego o galianos!
HERMOGENES ¿Seudónimo? ó ¿el que vivía en la calle de Los Mártires, ahora del Castillo?.
Un saludo.
En los veranos, daba gusto acercarse al pozo y tras echar el caldero al fondo, donde más que ver, se adivinaba el agua, y subir un fresco y refrescante cubo repleto.
El borriquillo, aunque paciente como el solo, me miraba como suplicante y yo, como buen arriero, le daba de beber primero a mi amigo, vaciando el cubo en el pilón y volviendolo a echar otra y otra vez, hasta que mi noble compañero de fatigas quedaba saciado.