Esta formación rocosa a modo de puente cuarcítico, elaborado pacientemente por la naturaleza, tiene casi 9 metros de ancho y entre 1.40 y 2.60 metros de alto, encontrándose situado en la ladera oeste de nuestro tantas veces chamuscado cerro de Santa Ana. El hecho de haber sido elegido por nuestros antepasados como soporte de sus pinturas o expresiones esquemáticas no parece casual. Desde este emplazamiento la vista abarca hacia el noroeste una gran área del valle del Tirteafuera, recortándose al ... (ver texto completo)
El estado de conservación tanto de las pinturas como del yacimiento en general es deplorable, en parte causado por su proximidad a una gran aglomeración urbana y su consiguiente exposición a visitas de indeseables, a quienes no les importa dejar sobre la roca sus propias “pinturas esquemáticas”, ni dejar abandonada una amplia tipología de objetos varios, que están a punto de convertir el lugar en un basurero.