De nuevo, Feliciano.
Miras la mediocridad que te rodea y el alma se te encoge; del yermo cultural, social y político en que aldea se debate y se sume sólo algún fulgor perdido refulge en vez en vez y el hálito de lo superior bate sus alas sobre un pueblo cada vez más pobre en todo. Súbito, la luz de la inteligencia y el arte se muestra en su esplendor. La luz de la paleta sabia, sabiamente gobernada por la mano feliciana, es aprehendida en el mismo momento en que, acabada de nacer comienza su particular ... (ver texto completo)
Miras la mediocridad que te rodea y el alma se te encoge; del yermo cultural, social y político en que aldea se debate y se sume sólo algún fulgor perdido refulge en vez en vez y el hálito de lo superior bate sus alas sobre un pueblo cada vez más pobre en todo. Súbito, la luz de la inteligencia y el arte se muestra en su esplendor. La luz de la paleta sabia, sabiamente gobernada por la mano feliciana, es aprehendida en el mismo momento en que, acabada de nacer comienza su particular ... (ver texto completo)