M. R te felicito, me ha encantado la descripción que has hecho. Has conseguido que a medida que iba leyendo visualizase la exposición. Me has transmitido el respeto, entusiasmo y admiración reinante por las esculturas de Rodín.

Es curioso como la gente reacciona de manera muy distinta según el estimulo que tenga delante pues en la exposición de las vacas el tono es mucho más desenfadado y divertido.
Gracias, por unos minutos yo también he estado en Madrid.

Saludos.

Dulcinea.
El lirio en la mano
el pañuelo al viento
en cima del majano
y para que te cuento.
"nadie es profeta en su tierra"

En la sociedad que nos ha tocado vivir una de las cosas importantes es de que haya muchas personas que te conozcan porque nos sabes quien te va ayudar cuando lo necesites, de aquí se desprende de ir dejando buena simiente por donde quieras que pases.

Aquí cuadra el mensaje que nos escribe nuestro paisano Vicente Solera Parra.
Mas decidme, Juliano: ¿prometió Dios alguna vez a su pueblo que les enviaría su brazo y fortaleza para darles victoria de algún enemigo suyo y para ponerlos, no sólo en libertad, sino también en mando y señorío glorioso? Y ¿díjoles en alguna parte que había de ser su Mesías un fortísimo y belicosísimo capitán, que vencería por fuerza de armas sus enemigos y extendería por todas las tierras sus esclarecidas victorias, y sujetaría a su imperio las gentes?
-Así lo sueñan -respondió Marcelo- y, pues habéis movido el pleito, comencemos por él. Y como en la cultura del campo, primero arranca el labrador las yerbas dañosas y después planta las buenas, así nosotros ahora desarraiguemos primero ese error, para dejar después su campo libre y desembarazado a la verdad.
-Y, ¿ninguno -dijo Juliano- deja de amar, como antes decíamos, lo que es buena dicha?
-Así es -respondió.
-Y no se ama -replicó- lo que no se conoce; luego habéis de decir, Sabino, que los que aman el ser dichosos y no lo alcanzan, conocen lo general del descanso y del contento, mas no conocen la particular y verdadera fuente de donde nace, ni aquello uno en que consiste y lo que produce; y habéis de decir que, llevados, por una parte, del deseo, y, por otra parte, no sabiendo el camino, ni pueden ... (ver texto completo)
-Eso -dijo Sabino- no se puede negar.
-Pues decidme, ¿hay fuente sola o hay muchas fuentes?
-Parece -dijo Sabino- que haya una sola.
-Con razón os parece así -dijo Juliano entonces- porque el entero contento del hombre en una sola manera puede ser, y por la misma razón no tiene sino una sola causa. Mas esta causa, que llamamos fuente, y que, como decís, es una, ¿ámanla y búscanla todos?
-No la aman -dijo Sabino.
- ¿Por qué? -respondió Juliano.
Y Sabino dijo:
-Porque no la conocen.
-Bien habéis dicho -dijo Juliano-; mas si es como el contento o es el contento mismo, y hemos dicho que el contento es una cosa que resulta en nosotros de algún bien de sustancia, que o tenemos o nos imaginamos tener, necesaria cosa será que de la buena dicha haya alguna cosa de tomo, que sea como su fuente y raíz, de manera que le dé ser dichoso al que la poseyere, cualquiera que él sea.
-Verdad es -dijo Sabino- lo que decís.
-Pues ahora -dijo Juliano- entenderéis mi pregunta, que es: si la buena dicha tiene ser como las riquezas y el oro, o como las cosas que llamamos gusto y contento.
-Como el gusto y el contento -dijo Sabino luego-. Y aun me parece a mí que la buena dicha no es otra cosa sino un perfecto y entero contento, seguro de lo que se teme, y rico de lo que se ama y apetece.
-Bien decís, Sabino -dijo Juliano luego-. Mas, decidme, el contento que nace del gastar las riquezas y esas mismas riquezas, ¿tienen una misma manera de ser? ¿No os parece que el oro y plata es una cosa que tiene sustancia y tomo, que la veis con los ojos y la tocáis con las manos? Mas el contento no es así, sino como un accidente que sentís en vos mismo, o que os imagináis que sentís, y no es cosa que o la sacáis de las minas, o que el campo -o de suyo o con vuestra labor- la produce, y, producida, ... (ver texto completo)
-Ahora -dijo Juliano- lo entenderéis: el avariento, decidme, ¿ama algo?
-Sí ama -dijo Sabino.
- ¿Qué? -dijo Juliano.
-El oro sin duda -dijo Sabino-, y las riquezas.
-Y el que las gasta -añadió Juliano- en fiestas y en banquetes, ¿en aquello que hace busca y apetece algún bien?
-No hay duda de eso -dijo Sabino.
-Y ¿qué bien apetece? -preguntó Juliano.
-Apetece -respondió Sabino-, a mi parecer, su gusto propio y su contento.
Reparó entonces Sabino un poco, y dijo luego:
-Parece que de fuerza se habrá de mudar.
Mas Juliano, tornando a tomar la mano, dijo así:
-Id conmigo, Sabino, que podría ser que por esta manera llegásemos a tocar la verdad. Decidme: la buena dicha, ¿es ella alguna cosa que vive o que tiene ser en sí misma o que manera de cosa es?
-No entiendo bien, Juliano -respondió Sabino-, lo que me preguntáis.
Respondió Sabino que era así.
-Y también habéis dicho -añadió Juliano- que esos mismos que no lo son apetecen y aman el ser bienaventurados.
Concedió Sabino que lo había dicho.
-Luego -dijo Juliano- apetecen lo que no saben ni conocen; y así se concluye una de dos cosas: o que lo no conocido puede ser amado, o que los de mala suerte no aman la buena suerte; que cada una de ellas contradice a lo que, Sabino, habéis dicho. Ved ahora si queréis mudar algunas de ellas.
-Por manera que decís, Sabino -dijo Juliano-, que los que no vienen a ser dichosos no conocen la buena dicha, y por esta causa la desechan de sí.
-Así es -respondió Sabino.
-Pues decidme -dijo Juliano-: ¿puede ser apetecido aquello de quien el que lo ha de amar no tiene noticia?
-Cierto es -dijo Sabino- que no puede.
- ¿Y decís que los que no alcanzan la buena dicha no la conocen? -dijo Juliano.
-Sí he dicho -respondió.
-Pues decidme -dijo Juliano-: esos que no lo son, ¿no lo quieren ser o no lo procuran ser?
-Antes -dijo Sabino- lo procuran y lo apetecen con ardor grandísimo.
-Pues -replicó Juliano- ¿escóndeseles por ventura la buena dicha, o no es una misma?
-Una misma es -dijo Sabino-, y a nadie se esconde; antes, cuanto es de su parte, ella se les ofrece a todos y se les entra en su casa, mas no la conocen todos, y así algunos no la reciben.
Y cuando osase él, la palabra de Dios le condena en Oseas cuando dice que, en el fin y después de este largo cautiverio, en que ahora están, los judíos se convertirán al Señor. Porque, si se convertirán a Dios entonces, manifiesto es que ahora están apartados de Él, y fuera de su servicio. Mas, aunque este pleito esté fuera de duda, todavía, si no me engaño, os queda pleito con ellos en la declaración de este nombre, el cual ellos también confiesan que es nombre de Cristo; y confiesan, como es verdad, ... (ver texto completo)