El Gobierno ha hecho oídos sordos a la petición del PP de dar una respuesta más contundente a Carod Rovira y sólo el ministro Bono se ha limitado a pedir que se ignoren las declaraciones del anarquista catalán. En Barcelona, Mariano Rajoy se ha referido a él como "foco de crispación permanete" y ha responsabilizado de esta situación tanto a Zapatero como a Maragall por elegirle como socio de Gobierno.