Llueve muchacha, llueve en el almendral sin
almendros, pero todavía no llega el
agua hasta los
caños de tu
fuente, ni a las otras, tan resecas. En la Tierra Madre donde reina la
Naturaleza con sus elfos y sus ninfas, y sus duendes y sus hadas, y sus brujas y diablejos, aún no se vislumbra el zahorí que acometa tamaña empresa.
Puede que tú y algunos extraños seres más aún rindáis culto a la madre Naturaleza, pero el hombre esclavo del hombre que tiene o maneja las perras, terminará por arruinar todos
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