Enfrente del periodista y facultativo, se sentaba un señor conde, que tambien era ministro de Fomento y accionista de varias fabricas, y este apenas probaba las ostras, solo un par y regadas con mucho limon. Las señoras se mostraban muy recatadas con el asunto de las ostras, quiza porque al ser notoria su fama como alimento afrodisiaco no querian ellas mostrar publicamente sus intimas necesidades y, bien tomaban un trozo de sardina en escabeche, una aceituna, una anchoa o un rizo de remolacha, bien mojaban los labios con el vino de Madeira a la vez que recriminaban los usos y costunbres de los ausentes, la aficion de la actriz Marcela Bregy a los gatos de angora, el empalago de las novelas de la condesa de Baillehache, el perfil de camafeo de la hija de los condes de Polentinos, la poca feminidad de la atleta Gertrude Ederle, que habia atravesado a nado el Canal de la Mancha, la diccion de los andares de Aurorita Redondo, los viajes a Nueva York de la marquesa de Comillas o los esfuerzos por mejorar el fisico de la vizcondesa del Cerro de las Palomas, que andaba tomando incluso Hipofosfitos Salud y Pildoras Circasianas.