Don Belio dio la espalda al sagrario, cerro los ojos y, golpeanbdose con los puños a la altura del pecho, comenzo a rezar el yopecador, y lo hizo una y otra vez, hasta que su puño se quedo colgando y el rezo se convirtio en un murmullo indescifrable. Uno de los monaguillos le tiro de la casulla para despertarlo porque creyo, al igual que todos los asistentes, que se habia dormido, y entonces levanto la cabeza, abrio unos ojos llenos de lagrimas y grito, dirigiendose al acolito, no jures, pecador, nunca se interrumpe una conversacion con Dios.