8. La intención es lo que cuenta. No hay nada peor que meterse en el cine a ver una película la tarde de Reyes y al salir darse cuenta de que se te olvidó enviar una de las cartas. Y, encima, era la de la abuela. "Rápido, hay que encontrar una solución". Y la solución fue una planta, muy bonita eso sí y envuelta con mucho, mucho mimo. Seguro que a la abuela le gustó, aunque aún sigue preguntándose porque los Reyes le trajeron una planta si ella había pedido unos zapatos nuevos.
Un abrazo.
Un abrazo.
9. La lámpara del demonio. Los accidentes familiares son un clásico a la hora de contar anécdotas. En casa de Liizeth, unas navidades a una de sus tías le dio por bailar y en su desenfrenado contoneo se llevó por delante una lámpara que le dio de lleno en la cabeza de la protagonista (entonces sólo una niña). Mientras ella se lamentaba de los chichones causados por el golpe en un rincón, todos reían ante la reacción de la abuela. La lámpara era suya, se la acaban de regalar y ya no podría disfrutarla.
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