(III)
Capítulo aparte es aquello de que en España, o en Andalucía, “todos descendemos de los moros”. El autor muestra como el avance de la reconquista y las consiguientes fugas y expulsiones fue seguido de repoblaciones de norteños santanderinos, asturianos, gallegos, catalanes que formarían la base de los actuales habitantes del sur peninsular, minimizando los matrimonios mixtos como insignificantes, ya sea por la oposición a ellos de ambas religiones como por el rechazo de ambas comunidades ... (ver texto completo)
Capítulo aparte es aquello de que en España, o en Andalucía, “todos descendemos de los moros”. El autor muestra como el avance de la reconquista y las consiguientes fugas y expulsiones fue seguido de repoblaciones de norteños santanderinos, asturianos, gallegos, catalanes que formarían la base de los actuales habitantes del sur peninsular, minimizando los matrimonios mixtos como insignificantes, ya sea por la oposición a ellos de ambas religiones como por el rechazo de ambas comunidades ... (ver texto completo)
(IV)
El libro tiene otros capítulos destinados a desmontar mitos menores como la afinidad de gitanos y moriscos; por cierto, en su libro anterior ya demostraba cómo el flamenco no tiene nada que ver con la herencia musulmana; o la insignificancia de la emigración morisca a América, por razones obvias. Más interés tiene el capítulo dedicado a responder a esa pregunta de ¿eran españoles los moriscos? Pasados los años en los que se trataba de españolizar a todo aquel nacido en la península, ya fuera Séneca o Viriato, el autor opina que “español” es un adjetivo que no puede utilizarse en propiedad hasta varios siglos después. Lo que sí destaca es que entre los hispanocristianos había un sentimiento - fuera fundado o no de continuidad con el período visigodo anterior y una voluntad de recuperar una integridad territorial perdida, que se constituye como base de lo que luego sería España. Para el autor, no es solo que ese sentimiento no pudiese existir en al-Andalus, vinculado real y simbólicamente con el resto del mundo musulmán, sino que los musulmanes de la península trabajan activamente en contra de esa idea como es lógico y desde luego renegaban de esa España que a pesar de la traducción fácil- ni mucho menos equivale a al-Andalus. Hay incontables ejemplos en el libro que apoyan esta idea.
El libro tiene más cosas, como el análisis de los viajeros románticos europeos que contribuyeron a forjar el mito (Gautier, Amicis o Merimée, que veían ojos moriscos desde Irún y arquitectura islámica en la puerta del Sol o la Casa de Pilatos) o de los menos conocidos viajeros árabes por una España posterior al XV que les es completamente ajena. También son curiosos los ejemplos de libros de texto de Siria. ... (ver texto completo)
El libro tiene otros capítulos destinados a desmontar mitos menores como la afinidad de gitanos y moriscos; por cierto, en su libro anterior ya demostraba cómo el flamenco no tiene nada que ver con la herencia musulmana; o la insignificancia de la emigración morisca a América, por razones obvias. Más interés tiene el capítulo dedicado a responder a esa pregunta de ¿eran españoles los moriscos? Pasados los años en los que se trataba de españolizar a todo aquel nacido en la península, ya fuera Séneca o Viriato, el autor opina que “español” es un adjetivo que no puede utilizarse en propiedad hasta varios siglos después. Lo que sí destaca es que entre los hispanocristianos había un sentimiento - fuera fundado o no de continuidad con el período visigodo anterior y una voluntad de recuperar una integridad territorial perdida, que se constituye como base de lo que luego sería España. Para el autor, no es solo que ese sentimiento no pudiese existir en al-Andalus, vinculado real y simbólicamente con el resto del mundo musulmán, sino que los musulmanes de la península trabajan activamente en contra de esa idea como es lógico y desde luego renegaban de esa España que a pesar de la traducción fácil- ni mucho menos equivale a al-Andalus. Hay incontables ejemplos en el libro que apoyan esta idea.
El libro tiene más cosas, como el análisis de los viajeros románticos europeos que contribuyeron a forjar el mito (Gautier, Amicis o Merimée, que veían ojos moriscos desde Irún y arquitectura islámica en la puerta del Sol o la Casa de Pilatos) o de los menos conocidos viajeros árabes por una España posterior al XV que les es completamente ajena. También son curiosos los ejemplos de libros de texto de Siria. ... (ver texto completo)