En mis tiempos, a media tarde venía algún empleado de ayuntamiento a pesar el cerdo pues había que pagar un canon por lo kilos obtenidos, logrados con tu trabajo y tus desvelos. Después según reglas establecidas por la práctica y las costumbres, se trocearía en partes diferenciadas unas de otras y se subiría todo a lugar seguro donde se comenzaría un proceso que acabaría, en poco tiempo, en jamones, lomos, chorizos, costillas…
Un abrazo.
Un abrazo.
En la cocina, al calor de la lumbre encendida, habría trabajo en rellenar las morcillas y cocerlas mientras la caldera en el hogar iba soltando vapor, señal de que estaba a punto. Vigilar que no hiervan muy aprisa, pincharlas con una aguja para que pierdan el aire retenido y comprobar por su estado, si ya están listas para sacarlas y que se enfríen poco a poco. De aquel caldo resultante de la cocción se harían sopas de pan y como había en abundancia, se repartiría entre la familia y los vecinos. ... (ver texto completo)