El Gobierno de Aragón sigue instalada en la sinrazón política y renuncia a abandonar los terrenos de la confrontación y la tensión con el Ejecutivo central. Ayer, el gabinete de Marcelino Iglesias aprobó una serie de medidas para sabotear administrativamente el trasvase del Ebro. Los socialistas mantienen su apuesta por la insolidaridad y la demagogia frente a aquellos que necesitan buena parte del agua que el Ebro vierte al mar. Desde la demagogia y el ventajismo no se contribuye al bien general.