La vanguardia nacionalista puede, vivir su propia cruzada como una auténtica revolución de izquierdas, pues ellos no sólo van a tomar
El
palacio de
invierno, sino que se lo van a repartir con su magnífica colección de cargos, despachos, sueldos, dietas y otras gabelas: un inmenso botín, como ya apuntó E. Gellner (Naciones y nacionalismo), aunque sólo por una vez, y para los más avispados. En contraste, donde no hay veleidades secesionistas, el localismo es más bien conservador (U. Alavesa, U. Valenciana,
... (ver texto completo)