El largo desamparo fue royendo
los muros de las casas
y puso en cada esquina
centinelas de zarza.
Por aquella ventana
desvencijada, que atisba la calleja,
asomó un día el último
poco antes de marchar.
... (ver texto completo)
los muros de las casas
y puso en cada esquina
centinelas de zarza.
Por aquella ventana
desvencijada, que atisba la calleja,
asomó un día el último
poco antes de marchar.
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