Cuando visito un museo etnológico, siempre me detengo a contemplar el arado romano. Viejas vivencias de mi primera juventud en mi pueblo, Deza, cuando, casi un niño, mi padre me enseñaba el oficio, hasta que la vida me hizo trasladar a la gran ciudad buscando una vida mejor (¿). Durante milenios fue utilizado por muchas generaciones, puesto que todos nuestros ancestros hubieron de servirse de él para lograr la subsistencia; todos descendemos de trabajadores del campo. Ahora, con los tractores, la ... (ver texto completo)