La comida de aquel jornada, quizá un poco cargadita de tajadas (que a los mozos no nos vendría nada mal), la preparaba alguna de las madres de los quintos. Era garantía de que comeríamos algo bien guisado. Ahora en estos tiempos lo más práctico, creo, de celebrase todavía, es coger el coche y pagar la comida en un buen restaurante. No lo sé; pero creo que alguno de nuestros colaboradores nos lo podría confirmar.
Un abrazo.
Un abrazo.
El Alguacil de turno, que también entraba en rifa, trataría de tocar la trompeta para echar sus pregones preparados para la ocasión; pero de allí no salían más que berridos. Daba igual; lo interesante era hacerles saber a las mozas que aquel día no se podía salir sin bragas a la calle, bajo multa… y otras cosas jocosas, por el estilo. Total de lo que se trataba y de lo que se seguirá tratando, es de pasarlo bien. De pasar un día memorable.
Un abrazo.
Un abrazo.