La ciudad será reconstruida dando prioridad al primer asentamiento romano de la península: Itálica, ciudad que dará dos emperadores a Roma: Trajano y Adriano. Al final del periodo romano llega el cristianismo. De ésta época destacan las dos martires sevillanas Santa Justa y Rufina, patronas de la ciudad. La llegada de los visigodos supone un periodo de cierta tranquilidad, en la que destacará Sevilla con sus Obispos San Leandro y San Isidoro.