A esa Poeta fustrada, y que se dedica a la maravillosa labor de la enseñanza, y de la que tanto tenemos que apreder, de sus divinas fustraciones.
Al sol levantó apenas la ancha frente,
El veloz hijo ardiente,
Del Céfiro lascivo...
Porque los
caballos andaluces,
Eran hijos del viento de poniente,
Que fué su padre,
Y de las
yeguas béticas,
Otra vez que nunca falte:
Cuya fecunda madre al genitivo soplo
Vistiendo miembros, o en el Polifemo,
Cuando al principio, el conde de
Niebla sol de sus
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