EN
CUEVAS DEL CAMPO TODAVíA QUEDAN:
Tu piel siempre curtida
Tus ojos cansados con sueño
Tus manos fuertes y callosas
Tus sufridas manos de la siega.
Siempre prestas al duro trabajo diario
A luchar contra la
nieve, escarcha y frío
Pero que también saben ser suaves
Cuando pródigas caricias a tus hijos.
Porque ni el campo, ni el clima han logrado
Endurecer tu corazón de Padre y
Amigo.
Tu llegaste a este lugar
Para entregarles tus sudores y alegrías,
Tus logros y tus tropiezos
En tantos
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