¿Que sensación se experimenta? ¿Donde estás? ¿En la Alhambra de Granada o en el Castillo de Jimena?
Todo no son higueras, hay algún que otro arbolito.
Parece una foto como las que quería que le hicieran a Sara Montiel, con tenue filtro.
Uno de mis ejemplares, me pidió salir en la foto y ahí está, arriba a la derecha.
No he visto a nadie tan atrevido, cuando los musulmanes terminan el Ramadán, ella deambulando solita, desde Cánava, donde la vimos por primera vez, hasta la Plaza y así la calle Cervantes abajo y a las cuatro de la mañana.
Francisco, bonitas fotos como siempre agradezco tu trabajo.
Un abrazo.
Mariano
Esta distribución está algo modificada, así no la recuerdo.
Es mucho mas grande que en sus orígenes por la desaparición de la cocina que había a la izquierda, según se mira la foto, aunque ahora está muy bien cuidado, solo falta en la foto la famosa palmera ¡Si dicho árbol hablara cuantas anécdotas nos podría contar!
En esta sala hicimos muchas travesuras en la pubertad.
Quedé un poco impresionado, yo solo lo conocía como palomar, la última vez que había estado allí todo estaba lleno de estiércol y cadáveres de palomos, además de huevos abandonados en los muchos nidos que había y una jauría de "picones" revoleteando, íbamos de caza para ligar aquella noche, de eso hace muchos años.
Una visión de la entrada quizás muy poco tenida en cuenta, pero no por ello menos hermosa.
¿Será postal algún día?
Si no fuera por una pequeña mancha en un edificio, parecería uno de los nombrados pueblos blancos de Cadiz.
Parece ser que toda la sala redonda, o sea en el lugar donde se halla la pintura del barco, estaba llena de frescos, que por unas causas u otras han desaparecido, como ocurre con la pintura esquemática que nos ocupa, aunque es un conjunto de difícil interpretación, llegué a conocer su existencia porque un día, ya muy lejano, cuando se empezó a restaurar el Castillo o Casa Castillo, como así le llamaba el señor que empezó dicha obra (del que no recuerdo su nombre en estos momentos, solo se que venía ... (ver texto completo)
La velada magistral, la luz divina, la vista inconmensurable, el embrujo se palpaba, la cerveza muy fresquita, el jamón y el queso quitaban el hipo, las aceitunitas para paladear y la charla entre degustantes suave y cadenciosa, todo nos condujo a saborear un ratito inolvidable.