Otra de las menciones que hace el Poeta a nuestro pueblo.
FEDERICO GARCÍA LORCA EN BAEZA
La rutina de Antonio Machado en Baeza se rompe un día con la llegada de un grupo de estudiantes granadinos que, acompañados por su profesor de arte, don Martín Domínguez Berrueta, visitan la ciudad. Entre esos estudiantes iba un joven moreno, de pelo negro y mirada soñadora; su nombre era Federico García Lorca. Visitaron el Instituto, y Berrueta presentó a Machado a sus alumnos de la Facultad de Letras granadina. Estre los estudiantes que le esperan en Baeza está María del Reposo Urquía, hija del rector del Instituto don Leoporlo Urquía. Federico, aunque tímido, se atrevió a decir a don Antonio: "A mí me gustan la poesía y la música." Al atardecer se organizó una reunión en el casino para que Machado leyera poemas y Federico tocara el piano, cuyo arte había aprendido con su maestro de Granada, don Antonio Segura. Machado leyó primero poemas de Rubén Darío y luego poemas suyos, de Campos de Castilla, entre ellos "La tierra de Alvargonzález", cuando termina la lectura, se aplaude con entusiasmo, y Federico más que nadie. Hecho el silencio, Federico se sienta al piano, y toca algunas piezas de motivo andaluz, entre ellas la Danza de la Vida Breve. Toca con brío y gracia, con toda su alma, y el éxito es tan grande que el joven y desconocido pianista -aún no pensaba en ser poeta-, tiene que seguir tocando: aires andaluces, de León, de la Montaña. En el concierto intervino también una alumna de Machado, María del Reposo Urquía, hija del director del Instituto, que tocó una de las Romanzas sin palabras de Mendelssohn.
De este viaje a Baeza dejó constancia García Lorca en un artículo publicado en la revista granadina "Letras", 30-XI-1917, que luego fue recogido con otro más sobre el mismo viaje, en su libro "Impresiones y paisajes", 1918.
Por la tarde salimos a dar una vuelta, dirección Jódar y para Jimena, intentado recodar aquel viaje que hizo usted para llegar a a la cumbre de Almazán, acompañado por Juan Camps, Adolfo Almazán, el pintor Florentino Soria, y el alcalde de Jimena. Pueblos visibles en días claros desde el mirador de la muralla. (pág. 296. libro de Ian Gibson
FEDERICO GARCÍA LORCA EN BAEZA
La rutina de Antonio Machado en Baeza se rompe un día con la llegada de un grupo de estudiantes granadinos que, acompañados por su profesor de arte, don Martín Domínguez Berrueta, visitan la ciudad. Entre esos estudiantes iba un joven moreno, de pelo negro y mirada soñadora; su nombre era Federico García Lorca. Visitaron el Instituto, y Berrueta presentó a Machado a sus alumnos de la Facultad de Letras granadina. Estre los estudiantes que le esperan en Baeza está María del Reposo Urquía, hija del rector del Instituto don Leoporlo Urquía. Federico, aunque tímido, se atrevió a decir a don Antonio: "A mí me gustan la poesía y la música." Al atardecer se organizó una reunión en el casino para que Machado leyera poemas y Federico tocara el piano, cuyo arte había aprendido con su maestro de Granada, don Antonio Segura. Machado leyó primero poemas de Rubén Darío y luego poemas suyos, de Campos de Castilla, entre ellos "La tierra de Alvargonzález", cuando termina la lectura, se aplaude con entusiasmo, y Federico más que nadie. Hecho el silencio, Federico se sienta al piano, y toca algunas piezas de motivo andaluz, entre ellas la Danza de la Vida Breve. Toca con brío y gracia, con toda su alma, y el éxito es tan grande que el joven y desconocido pianista -aún no pensaba en ser poeta-, tiene que seguir tocando: aires andaluces, de León, de la Montaña. En el concierto intervino también una alumna de Machado, María del Reposo Urquía, hija del director del Instituto, que tocó una de las Romanzas sin palabras de Mendelssohn.
De este viaje a Baeza dejó constancia García Lorca en un artículo publicado en la revista granadina "Letras", 30-XI-1917, que luego fue recogido con otro más sobre el mismo viaje, en su libro "Impresiones y paisajes", 1918.
Por la tarde salimos a dar una vuelta, dirección Jódar y para Jimena, intentado recodar aquel viaje que hizo usted para llegar a a la cumbre de Almazán, acompañado por Juan Camps, Adolfo Almazán, el pintor Florentino Soria, y el alcalde de Jimena. Pueblos visibles en días claros desde el mirador de la muralla. (pág. 296. libro de Ian Gibson