NI INFORMACIÓN NI IMAGINACIÓN
víctor manuel arbeloa
Lo más suave que puede decir alguien con tanto interés como el que más por el final feliz de la crisis económica es que, con este Gobierno de la Nación, como con el anterior, ha habido mala información y poca imaginación.
La información, en un pueblo que apenas lee, ha sido mala, y durante semanas nula. No bastaban las declaraciones, más o menos técnicas, del ministro De Guindos, ni la explicaciones de la vicepresidenta, que vale por el Gobierno entero, tras los Consejos de ministros. Ni las docenas y docenas de tertulianos y comentaristas, que creen saberlo todo y no saben casi nada. Como se hace en otros países “de nuestro entorno”, debió salir el presidente del Gobierno, desde primera hora, en el telediario y hora de mayor audiencia, a decirnos, en términos sencillos y sinceros, lo que había sucedido, lo que estaba sucediendo y lo que podía suceder. Lo que sabía y lo que no sabía. Y con él, después, los ministros correspondientes. Qué distinto hubiera sido todo.
Casi nadie ha sabido nada, ya digo, durante mucho tiempo frente a mil noticias vagas, lejanas, abstrusas, a menudo contradictorias. Yo mismo, ex diputado europeo, que he ido por ahí explicando qué era el Banco Central, no sabía ya en qué se había convertido, oyendo cien versiones del mismo a unos u otros sapientísimos prohombres.
Una sociedad mal informada, en tiempos graves, es una sociedad atemorizada y, en el peor de los casos, des-esperada.
Pero si ha faltado buena información, ha faltado más todavía imaginación política.
En un tiempo, donde los cortes y recortes han llegado a las partes más sensibles de la sociedad, sólo una recia, cotidiana, permanente, estruendosa incluso, campaña contra el fraude fiscal, en todos los sectores, desde el último inmigrante hasta la cumbre de la Administración, hubiera paliado el sentimiento (y la convicción) de los agravios, discriminaciones, injusticias, crueldades. Es verdad que algo se ha hecho, pero sin pasión, sin peso, sin primacía, sin pedagogía. Hasta a lo mejor que ha hecho el PP en ciertos lugares: la poda de despilfarros y nepotismos -agencias, empresas públicas, coches, sueldos, asesores…-, no ha sabido darle la importancia debida.
Yo no sé si, como proponen algunos, es ahora realista -es decir, eficaz- el aumento del tipo al 60% durante tres años a los sueldos superiores a los 115.000 euros; si lo es ese “impuesto especial de solidaridad” a todas las personas con un patrimonio superior a millón y medio de euros, o cambiar a fórmulas más justas el impuesto de sociedades
Pero ¿quién podía haber impedido al presidente del Gobierno y presidente del PP, y ojalá que en comandita con el secretario general del PSOE, dar el ejemplo de exigir a todos los cargos públicos de su Gobierno y su partido -extensiva la amable invitación a todos los potentados de “este país”- cobrar durante 2012 y 2013 sólo 50.000 euros al año, yendo todo el inmenso excedente de esa cifra a favor de la educación, la sanidad, la cultura y los servicios públicos recortados? ¡No se lo hubiera impedido, a buen seguro, ni “Bruselas”, ni Franckfurt, ni Wall Street; ni hubiera provocado la fuga de capitales; ni, seguramente, se hubiera quedado alguno de ellos sin poder comprarse otro traje, cambiar de coche o ir de vacaciones!
Pongo este ejemplo, rudo, y al mismo tiempo semi-utópico, para que el lector ponga otros parecidos, tal vez mejores, más realistas. Que no dejan de acusar gravemente a los más altos políticos de su lejanía hacia los sectores que más sufren, y a los más ricos y poderosos de esta patriótica España, que deja a los más infelices de casa, y del mundo mucho más pobre aún, sin nada o sin casi nada, y a los más privilegiados, de antes y de ahora, de un color y de otro, casi como estaban.
víctor manuel arbeloa
Lo más suave que puede decir alguien con tanto interés como el que más por el final feliz de la crisis económica es que, con este Gobierno de la Nación, como con el anterior, ha habido mala información y poca imaginación.
La información, en un pueblo que apenas lee, ha sido mala, y durante semanas nula. No bastaban las declaraciones, más o menos técnicas, del ministro De Guindos, ni la explicaciones de la vicepresidenta, que vale por el Gobierno entero, tras los Consejos de ministros. Ni las docenas y docenas de tertulianos y comentaristas, que creen saberlo todo y no saben casi nada. Como se hace en otros países “de nuestro entorno”, debió salir el presidente del Gobierno, desde primera hora, en el telediario y hora de mayor audiencia, a decirnos, en términos sencillos y sinceros, lo que había sucedido, lo que estaba sucediendo y lo que podía suceder. Lo que sabía y lo que no sabía. Y con él, después, los ministros correspondientes. Qué distinto hubiera sido todo.
Casi nadie ha sabido nada, ya digo, durante mucho tiempo frente a mil noticias vagas, lejanas, abstrusas, a menudo contradictorias. Yo mismo, ex diputado europeo, que he ido por ahí explicando qué era el Banco Central, no sabía ya en qué se había convertido, oyendo cien versiones del mismo a unos u otros sapientísimos prohombres.
Una sociedad mal informada, en tiempos graves, es una sociedad atemorizada y, en el peor de los casos, des-esperada.
Pero si ha faltado buena información, ha faltado más todavía imaginación política.
En un tiempo, donde los cortes y recortes han llegado a las partes más sensibles de la sociedad, sólo una recia, cotidiana, permanente, estruendosa incluso, campaña contra el fraude fiscal, en todos los sectores, desde el último inmigrante hasta la cumbre de la Administración, hubiera paliado el sentimiento (y la convicción) de los agravios, discriminaciones, injusticias, crueldades. Es verdad que algo se ha hecho, pero sin pasión, sin peso, sin primacía, sin pedagogía. Hasta a lo mejor que ha hecho el PP en ciertos lugares: la poda de despilfarros y nepotismos -agencias, empresas públicas, coches, sueldos, asesores…-, no ha sabido darle la importancia debida.
Yo no sé si, como proponen algunos, es ahora realista -es decir, eficaz- el aumento del tipo al 60% durante tres años a los sueldos superiores a los 115.000 euros; si lo es ese “impuesto especial de solidaridad” a todas las personas con un patrimonio superior a millón y medio de euros, o cambiar a fórmulas más justas el impuesto de sociedades
Pero ¿quién podía haber impedido al presidente del Gobierno y presidente del PP, y ojalá que en comandita con el secretario general del PSOE, dar el ejemplo de exigir a todos los cargos públicos de su Gobierno y su partido -extensiva la amable invitación a todos los potentados de “este país”- cobrar durante 2012 y 2013 sólo 50.000 euros al año, yendo todo el inmenso excedente de esa cifra a favor de la educación, la sanidad, la cultura y los servicios públicos recortados? ¡No se lo hubiera impedido, a buen seguro, ni “Bruselas”, ni Franckfurt, ni Wall Street; ni hubiera provocado la fuga de capitales; ni, seguramente, se hubiera quedado alguno de ellos sin poder comprarse otro traje, cambiar de coche o ir de vacaciones!
Pongo este ejemplo, rudo, y al mismo tiempo semi-utópico, para que el lector ponga otros parecidos, tal vez mejores, más realistas. Que no dejan de acusar gravemente a los más altos políticos de su lejanía hacia los sectores que más sufren, y a los más ricos y poderosos de esta patriótica España, que deja a los más infelices de casa, y del mundo mucho más pobre aún, sin nada o sin casi nada, y a los más privilegiados, de antes y de ahora, de un color y de otro, casi como estaban.