Va para cuatro años que no me salpico los zapatos con los siete caños y para alguien no-nato de este pueblo, lo echo de menos. Y no sólo por la familia, que sí, sino por el aroma a jazmín y aceite, por ligar en la plaza mientras suena la música un domingo, por... Definitivamente, he de volver como sea.
Malenico.
Malenico.
